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Indeterminación Narrativa o la carta al autor :: “Sin Titulo” de Cameron Stewart


Cómic Sin Título Estimado Cameron Stewart,

Ya me he leído su webcomic hecho libro de verdad. Conserva ese bitono que en realidad es monocromo porque ni el blanco y ni el negro cuentan como cromáticos. Si le añade ese tono gabardina tan detectivesco en realidad se está centrando exageradamente en proponer ese color sobre cualquier otro. Dicho esto, ese color surge de la mezcla de otros varios, así que, en este sentido, podría verse del modo contrario. Bueno, no es un cómic colorista; dejémoslo ahí. Pero sí es un cómic cuya narrativa, tanto gráfica como textual, fluye en torno a una idea primordial: la indeterminación. Aquella sobrepasa cualquier otra descripción del recién leído tomo y es tan exuberante su presencia (o debería decir, su no presencia) que este Sin Título es el páramo narrativo más seco de la literatura.

Cómic Sin TítuloEso sí, no por seco, infértil. No. Hasta en los desiertos hay de vez en cuando una mata, algún cactus. Llueve poco, pero llueve y en este desierto de un sólo árbol hasta se describe la orilla de una costa y una silueta permanece sentada bajo la sombra de esa ¿encina? Voy a dejar el símil del vacío espacial para empezar a introducir de verdad lo que me lleva a escribirle esta carta. Me surgió una idea al encontrarme tan falta de pistas durante la lectura de su webcomic. Se me pasó por la cabeza que la indeterminación es un apoyo como no hay otro  para elementos de confusión de la identidad que influye en el retrato de los personajes. A un elemento tan disruptivo como la muerte de alguien que conocemos, no hay nada mejor que anunciar la oportunidad de conocer otra cara del fallecido y una desconocida que le acompaña en una misteriosa foto póstuma. Lo que no sabemos sobre nosotros mismos y aquello que jamás conoceremos sobre los otros, no son sino conflictos de personalidad, deseos y anhelos que han quedado enterrados en una cajita bajo un  árbol con algo nuestro, de todos. La indeterminación por su naturaleza voluble es universal y por lo tanto tiene ambos sexos, entiende de vejez y de juventud y es tan múltiple como caracteres hay en el absurdo “real”: aparecidos o escondidos, da lo mismo.

En esta narración gráfica hay un marcado masculinismo perceptible en el sujeto protagonista que actúa en correspondencia con los ojos del lector. Pero es un ejemplar tan alejado del héroe que protagoniza otras historias que a este parece que le protagonizan las cosas del destino mientras se resiste a su fuerza. No tiene capacidad de decidir que ocurrirá a continuación y a su carencia de poder se le suman las veces en que el lector penetra en su pensamiento subconsciente donde vemos trazados de un trauma infantil que se revelan a través de una máscara africana. Cómic Sin TítuloDe modo que lo esencial, el origen quizá resida en ese hecho que tubo lugar en su infancia, también asociado a un paternalismo extremo y de nuevo, al primitivismo humano. Lo primitivo nos hace debatirnos y cuestionar el rol cultural y social del género, ya que parte de un choque de su cultura con la propia. Luego están sus relaciones heterosexuales, que no son nada exitosas. “Sus mujeres” se sienten frustradas por su falta de acción en este otro sentido y le aqueja un puritanismo evidente, ya que mira con sorpresa algunos de los hechos en torno al enfermero misterioso. Por todo ello  miramos a través de un personaje indeterminado hacia indescifrables hechos que ocurren en el limbo de la imaginación: podemos ser cualquiera.

Por todo esto que supone la indeterminación quería cartearme con el autor. Aunque estoy siendo imprecisa, porque al fin y al cabo me carteo con aquellos que conocen este sitio y lo que en él se cuenta. Me parecía paradójico que no todos conozcamos espacios concretos en la “realidad” como son la casa de mis tíos en Galicia o este sitio web llamado Ángulo Crítico, pero que todos conozcamos ese lugar al que nos lleva la imaginación entre sueños o entre lecturas. Ese páramo que llenamos de los elementos que nos proporciona la mente del artista y la nuestra propia.

Ahora, Cameron, tu no nos llenas el cabezón de muchas cosas. Respóndeme si me equivoco: ¿a que lo haces más para que lleguemos al sitio y sintamos la libertad de poner y quitar a nuestro antojo? ¿verdad? Si es así, yo me cargo a la insulsa novia del prota y le doy más rollo al “asalta-viejas” ese de la nariz rota que es malo si lees por primera vez el cómic, pero con una segunda lectura no me extrañó tanto que estuviera cabreado. Digamos que en tu novela somos unos pobres recién llegados a ese paraje donde también llega el protagonista de la novelita de Bioy Casares, La invención de Morel (1940). Y que sepas que se sufre mucho al llegar allí.

Lo que sí he hecho durante mi segunda lectura es disecccionar cómo se comporta la indeterminación. Espero que me lo perdone todo aquel que lea esto, pero pensé en incluir esta lista en el propio artículo y aún lo estoy valorando. Son en total 42 elementos indefinibles, testarudos en su idea de descolocar al lector. ¿Te dice algo ese número? ¿Me he olvidado de alguno? Es que no los contaste. Yo sí. Parte de mi maníaca idea de analizar todo aquello que me da placer. Placer del bueno. Y tras los resultados debo decirte que ni el mismísimo Paul Auster introduce tantos enigmas en sus novelas. Eres un crack. Tío, no sé cómo lo haces para atraparnos en una historia tan surrealista como imprecisa. En la que la desorientación es tal que no puedes hacer suposiciones acerca de esto o de aquello. Yo me tiré en la playa, dejé que el cómic viniera a mi como llega el agua a la costa con las mareas. Me empapé de acción y misterio y después me lo leí otra vez porque me dejó un regusto salado. Algo me decía que el detalle del cuadro, que para más emoción se localiza en Madrid, tenía algo que decirme. Y lo tiene. Vaya si lo tiene. Sólo que yo voy a jugar a lo que juegas durante el viaje, al despiste y voy a escribir a continuación una lista con los 5 mejores detalles INDETERMINADOS:Cómic Sin Título

1. ¿Qué está haciendo que las abejas mueran? Hay un correlato zumbando por todo el texto y ya sabes que el tema de las abejas me gusta mucho. No, en realidad me aturde, como a todos, el percibir que al tiempo que vivimos una confusión de acontecimientos en cadena también el resto del mundo gira y una serie de cosas que nos afectan a nivel global está teniendo lugar. Son aspectos, como este de las abejas, sobre los que tampoco tenemos nada de control, para variar, e inquietan al lector durante su lectura aunque aluden al problema del medioambiente que ya conocemos. Sin embargo, entre tanto misterio, esa pregunta zumba en mis sentidos lectores y me turba al igual que todas esas siniestras cacofonías procedentes de una radio mal sintonizada.

2. ¿Quién llama por teléfono? La disparatada idea del teléfono que funciona como puerta a otra dimensión, ¿os suena? Esa idea ha vuelto al leer este cómic. Me acordé de Matrix y me volvió a latir el corazón como a las víctimas de la serie Scream.

3. La constatación del espacio. El entorno cambia bruscamente y lo que pareció así unas viñetas antes, ya no resulta el mismo escenario poco después. Probablemente viajemos en el tiempo, pero sólo podemos constatar el cambio de escenas y la aparición una y otra vez del terrario con árbol que tanto obsesiona a nuestro autor y protagonista.

4. Rostros invisibles y siluetas. No vemos los rasgos de los personajes en muchos momentos y si los vemos se pierden entre vendajes de cirugías y otros accidentes. También detrás de unas gafas de sol oscuras, antifaces, etc. Y por último, asistimos en un par de ocasiones a la repentina deformación de los rasgos faciales como en una peli de Carpenter. Ahhhh!!!

5. Preguntas sin respuesta. Este detalle es uno de los rasgos del solipsismo. El solipsismo es el efecto por el cual dos agentes no logran comunicarse satisfactoriamente entre ellos. Este rasgo sucede durante nuestras pesadillas. Allí se producen encuentros en los que nadie nos escucha. Durante los cuáles gritamos y nadie nos atiende ni salva.

Te pregunto y no creo que haya respuesta, Cameron. Y a todos los lectores también. ¿No hubiera Freud disfrutado “cosa mala” con este webcomic? ¿Y Jacques Lacan y Simon de Beauvoir? Y Kristeva? Quizá Kristeva no tanto… 

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