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Manual sobre hombres que creen en manuales :: “L’ Amour” de Joann Sfar


Joann Sfar Joann Sfar

Fernand pone el libro sobre el escritorio y lo abre al azar.

Libro rojo: “Este libro me lo ha enseñado todo” –Rudolf Valentino “Sin este libro, todavía sería virgen” Douglas Faibanks.

“Cada mujer sin saberlo y más allá de su propia individualidad, encarna un avatar de la diosa Ishtar. Los tabúes, rarezas y arrebatos que rigen algunos de sus comportamientos son reflujo de la fuerza lunar que les permite expresarse. La inteligencia salvaje y cíclica de la diosa se nos ha ocultado durante siglos de dominación masculina y monoteísta (la voz del libro es cada vez más coñazo). Las sociedades modernas han hecho de todo para reprimir el miedo que les provoca el poderío femenino…”

Fernand: Hmm… Esto es feminismo americano de pacotilla. Yo lo que quiero saber es qué pasa de verdad en la cabeza de las mujeres.

Libro rojo: “Si le parece que este libro es feminismo americano de pacotilla, coja mejor el pequeño Libro rosa de al lado, en la misma estantería”.

Fernand: ¿Este?

Libro rojo: “Ese”

Fernand: No está mal. Da la impresión de que el texto se va modificando en función de lo que a mi me apetece leer.

Libro rosa: “No se sorprenda de que el texto se vaya modificando en función de lo que a usted le apetezca leer. Este es un libro mágico”.

Fernand: Evidentemente.

♥ℵ♥

Libro rojo: (con notas musicales)”…Es más sencillo: si e gustas a una mujer, le gustas; si no le gustas, no le gustas. Ella es quien decide. Es inútil aparentar en base a maquinaciones, lo único que conseguirás es hacerte la picha un liiíooo…”

Libro rosa: “Seis: haga ver que se la suda todo.”

Libro rojo: “Créeme, las historias de seductor son una parida. Lo que importa de verdad es ser un buen amaaante. Sexualmente, quiero decir.”

Libro rosa: “¿Pero qué sabrás tu de eso?”

Libro rojo: “A mí me ha escrito una mujer, así que sé más que tú sobre el tema.” (notas musicales)

Libro rosa: “Escucha, colega, te voy a explicar unas técnicas cojonudas para evitar la eyaculación precoz y tener erecciones a voluntad. Mira, entre los testículos y el culo tienes una glándula que se llamaaa próoostataa” (notas musicales también)

Libro rojo: “Cierra ese libro, es insoportable.”

Fernand: Tienes razón.

Y Fernand cierra el libro rosa.

(Sfar, J. L’amour (El Amor sin Amor) 2014, Fulgencio Pimentel: Logroño, España. p. 52)

He extraído tres viñetas de L’Amour de Joann Sfar como si se tratara de su propia sangre. Así hace Fernand el vampiro con sus víctimas ¿por qué no yo? Las analizaré justo después de introducir dos ideas. La primera es que el manual para ligar con mujeres aún no se ha editado, ni lo hará nunca. Que no suene resentido, es que es necesario hablar de la capacidad de algunos por destruir el encanto de lo desconocido, por querer abalanzarse sobre las pesquisas de la mente humana construyendo arquetipos tontos y simplezas hirientes. Resulta que hay una amenaza que subyace a la aparente impasibilidad de la mayoría de los hombres. Hay algunos de estos “heteros” masculinos –no se les nota en su aspecto más que por un pequeño tik en el ojo izquierdo– que quieren a sus mujeres, pero que no las entienden y que por eso creen que se necesite un manual para descifrarlas. Mejor dejen los códigos secretos para Alan Turing y no se acongojen ante la idea de qué pensaran ellas o la impredecible mutabilidad de su estado de ánimo.

¡Venga ya! todo esto de los manuales para personas es un mito. Igual que otros, claro. Ni más ni menos que una respuesta ala Hitchcock –por que añade algo de suspense al contrato social– que resulta de los interrogantes que implica ser humano. El primero de esos interrogantes resulta de la propia muerte. Se busca una respuesta para después de encontrarla darse cuenta que el mayor de los embrollos enigmáticos está ahí delante, en aquel desconocido, el otro o la otra: póngase por caso, la mujer que quiere. O háblese mejor de la mujer que este tipo de persona quiere POSEER. Porque a ver qué va a pasar con esos que buscan respuestas a todo y que quieren tipificar individuos, personalidades, situaciones: TODO. Esos que creen en manuales y que no pueden dar un abrazo sin mirar, antes de hacerlo, el ángulo que debe tomar el codo flexor. Sí, esos que una vez midan como se comporta la “otra” –Eva, su compañera, su madre– la creerán tener en sus garras. Creerán poder atacar sus debilidades y complejos y usarlas para lo que ellos quieren. No hay instrucción alguna sobre mujeres.

La segunda de las ideas es que tampoco existe esa mujer mítica cuya mente oculte ciertas claves con las que pueda acceder a su “mecanismo” emocional. La única mujer cuya mente es insondable y misteriosa y que permanecerá hermética siempre es la Mona Lisa. Menciono a esta porque vale para definir a un tipo de mujer –la que el artista retrata–, sobre la que jamás mereceremos respuesta alguna. Cuando nos posicionamos frente a aquellas, somos como el estudiante de arte amateur que visita el museo por primera vez tras la clase en la que se le explicó el concepto “suspensión de la incredulidad”. Un concepto que parte de un hombre cuyo amor no fue correspondido, Samuel Taylor Coleridge. El poeta y filósofo inglés, lejos de encabritarse y atribuirlo a la compleja mente de la mujer a quien amaba, introdujo este término en sus escritos biográficos (1817) para hablar sobre cómo el lector debe sucumbir ante la no-respuesta del arte y aceptar que no pueden recuperarse los avales miméticos y coherentes del mundo para disfrutar plenamente de lo sobrenatural y lo incomprensible.

No se preocupen si se identifican con lo expuesto y con el propio Fernand el vampiro en esa situación tan elocuente que plantea su autor Joann Sfar. Tiene solución: . Como el vampiro, la primera es cerrar aquellos manuales. –No cierren este aún, déjenme intentarlo–. Y la segunda solución es volver sobre las viñetas de allí arriba. Dicen que el libro rojo suena pedante y es cierto, pero quiere darle a Fernand una lección al aconsejarle leer el libro rosa. Con esto se da cuenta de que con un libro como el rosa todo empieza y termina en el propio hombre y en realidad las profundas reflexiones sobre la mujer “diosa” o el ánima femenina no les interesa en absoluto. Vamos que detrás de tanto vagabundeo resulta que estamos andando en círculos.

Al margen de nuestras risibles pesquisas sexuales, lo más interesante del pasaje es que Sfar consigue invertir fantasía y realidad poniendo a un vampiro –el rey de los monstruos imaginarios– ante una situación propia de hombres que creen en manuales de ligue porque creen que ellas son demasiado complicadas. Al final lo que se le hace difícil al vampiro es creer esas tonterías, por lógicas que sean. Así que el modelo sobrenatural no cree en las máximas de la elocuencia social y se aburre. Justo a la inversa que aquellos tipos que se aburren mirando una pieza de arte, o que no son seres lo suficientemente sensibles a la hora de acercarse a lo desconocido.

El secreto último se encuentra en el disfrute y la didáctica de la imaginación, para aquellos cuyo sentido del realismo sea más grave. Este proceso toma su tiempo, no hay que ser impacientes –no tiene mecánica–.  Lo  mejor sobre el ánima femenina, que no sobre la mujer, pues no es lo mismo, seguirá viviendo en el arte y cómo no, en nuestros sueños. Nómbrense los 6 pasos para “disfrutar del arte” según esta autora y lo que aprendió de leer poemas en las clases de Literatura Inglesa pre- 1900.

  1. :⊃) Ser felices mirando el momento pasar. ¿Cómo? Con el movimiento de las nubes, los pajaritos, los resoplidos de un ser querido que duerme en el sofá.
  2. :⊃o Imaginar las tramas de los seres más minúsculos, véase: hormigas, hojas de árboles secas, las migas de un mantel… ¿a dónde van? ¿cuál es su drama?
  3. :⊃| No ver tanto las noticias. Especialmente las que tienen que ver con la política nacional
  4. :⊃D Hablar de nuestros sentimientos con alguien de confianza y escuchar a sí mismo lo que tiene que decirnos.
  5. :⊃( Ver películas infantiles ahora que Disney no tiene el monopolio.
  6. :⊃∫ Leer cómics

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