Reseñas/Webcómic

Déjame espiar en tus cuadernos :: Natalia Carrero


Natalia Carrero webcómic

A veces soportamos ver una película de terror porque nos dejan entrar a ver en los agujeros negros, en las cajas del televisor, en un pozo, hasta en una casa abandonada. A todos nos dijeron que hay que evitar el peligro, así que no solemos meternos en la negrura porque de pronto nuestras posibilidades de sufrir algo –póngase, un ataque al corazón– aumentan muchísimo. Lo sabemos casi sin calcularlo. Además, iríamos tan predispuestos, que con que cruja una ramita en el árbol de “Un-km-mas-para-allá”, lo percibiríamos como la mayor de las amenazas y nuestro terror nos mataría. No somos de fiar para nosotros mismos, así que preferimos no entrar y vemos las pelis oscuras de la cartelera sentaditos en el sillón de casa. Sé que yo escaparía en mitad del metraje y que si no lo hago es mas porque ya he entrado en el agujero. Ya he dejado atrás la ficticia realidad que abraza mis miedos y puedo tolerar el contexto de terror desde la barrera.

Esta ilusión me sobrecoge y engaña al mismo tiempo: yo sé que me engaña. Cuando miro alrededor, sigo estando en mi casa. Los portarretratos, la mantita, –busco cosas alegres con la mirada para contrarrestar– el perro de cera de color fucsia que compré en… Ahora que lo pienso, es bastante inquietante. Miro a otro lado. Algo justo así, pero en formato agradable ocurre con los webcómics que he leído ayer. Me temo que no se puede hablar de este y entenderlo como ejemplar de un creciente movimiento en el cómic, sin reparar en esa tontería del agujero. Porque Vaqueros Asesinos y Borrador te permiten entrar a mirar en el cuaderno de alguien. En un entorno que es familiar a todos, pero que revela las manías, obsesiones y problemas de otra persona. La “cuadernología”, como la psicología para la ciencia, es una rama del arte entregada a que se experimenten cosas propias desde una confesión ajena. Siempre tiende a la expresividad, con lo que a veces sacrifica la destreza en el dibujo para representar la espontaneidad de esa mente que garabatea pensamientos en el escondite de su cuaderno. Este estilo de cómic confesional  recuerda la necesidad de hablar con nosotros mismos –aunque sea en voz alta. Leer uno de ellos es lo más parecido a acceder al diario de un desconocido, a invadir la intimidad de su cama.

En “Borrador” la alumna deja reflejado su trauma ante un suceso que le hace consciente de lo sola que está y de lo aburrida que es la vida diaria. Al haber pactado con una vida de seguridad y confort ha tenido que sacrificar sus deseos más inconfesables. En “Vaqueros Asesinos” se produce una reacción de rechazo ante un hecho sobre el que, de nuevo, preferimos no saber. Sin embargo, al preguntarnos por las cosas, resolvemos parte de las tensiones de nuestro mundo particular. Igual que en las películas de terror, Natalia Carrero (La Lectora Común) nos lleva de la mano a la raíz del pensamiento. Igual que hace en su página web con sus ensayos sobre lecturas que son esquemas de emociones difíciles de expresar sin ensayar. Ella lo consigue desde “la libertad del trazo bastante bruto”.

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El fin justifica los medios, señores y señoras. El absurdo de entrar en un cuaderno (en apariencia parte del propio sketch y relacionado con el contenido de la historia que alberga) es un suceso imprescindible que repite el ritual de entrada a otro mundo. Una vez dentro, miles de cosas nos siguen recordando que estamos dentro de un cuaderno de notas, y todo por medio del  dibujo: las rayas para evitar que la redacción se tuerza, los apuntes relacionados entre sí (flechas, cajas, subrayados), los titulares (Estudio, Horario  2, etc.) Eso sí, la disposición de las cosas –tal y como se encuentran en las hojas de estos cuadernos– revelan una parte no hallada en el suceso que cuentan. Descubren las emociones, las obsesiones, el ánimo y el caos mental que dicha revelación ha provocado en la vida del personaje. Y ese personaje es, a su vez, dueño del cuaderno que alumbró la conciencia lectora –más que creadora– de Natalia Carrero. La autora presentará próximamente su novela gráfica Letra Rebelde con la editorial Belleza Infinita. Entre otros títulos suyos se incluyen Soy una Caja (2008) y Una Habitación Propia (2011). Este último vuelve sobre el otro asunto de la lectura: ¿qué intimidades nos han sido veladas en la historia de la literatura? Las de las mujeres que ansiaban escribir y cuyas vidas y contexto cultural se lo impidieron. Por el orgullo de poder asistir a la afluencia de firmas en este sector del cómic y en el literario, celebro escribir esta reseña. 

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