Minicómic/Reseñas

Un Revoltijo Poético :: “Traducciones” de Inés Estrada


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Yo también parezco el deshonroso retrato de Dorian Gray cuando me levanto por la mañana y afortunadamente, eso me reconforta. No comprendo cómo sentía tanto horror el bello burgués al observarse feo y más viejo cuando miraba su retrato en la novela de Oscar Wilde. No me identifico con ese sentimiento porque ya no es propio de nuestro tiempo. Hoy en día es un alivio salir de la convencionalidad social para sentirse menos atractivo y relajado en tu propio espacio. Además, debe ser terapéutico quedarse mirando un rato a tu auténtico y verdadero yo antes de desayunar. Seguro que aceptamos con mejor agrado todo aquello que nos hace ser nosotros mismos. En medio de tu suciedad, tu desastrosa apariencia, los mocos matutinos, las arrugas, que forman la parte más inexcusable de nuestra existencia, somos más libres. Nuestros atributos sociales son vanos, disfrazan un poco las verdaderas cualidades y naturaleza de cada uno de nosostros. Qué decir, por tanto, de las mujeres. A nosotras se nos invita a participar el doble en este circo de luces y maquillaje, de interpretaciones y falsedades. A las mujeres pintadas en los cuadros, las que forran los anuncios de perfume, las mujeres objeto y adorno de miles y miles de reclamos eróticos, si bien no eliminadas o pulverizadas con el “chuf” de un toque perfumado, sí les corresponde, por otro lado, una feliz traducción, una cara real, salvajemente lógica, primitiva.

38232-632e44d5686743c89f64ea2b302f39fdEn el breve espacio que ocupan las abarrotadas viñetas del cómic de Inés Estrada, titulado  “Traducciones” (Ediciones Valientes, 2014), se produce la mágica revelación de un personaje reconocible describiendo con mejor acierto cómo somos en realidad y no tanto cómo se nos pintaba en el siglo XVII. Y es un alivio descubrirse a uno mismo, como ella, en mitad de la intimidad, miccionando en un cubo de basura o hurgándose la nariz. De hecho la primera página del cómic rememora un cuadro de Don Diego de Velázquez, la Venus del Espejo, desde una óptica más esclarecedora. La mujer de hoy en día ya no se mira en un espejo, sino que se ve reflejada en su ordenador portátil, el gran instrumento de lo cotidiano . Esa es su ventana al mundo. En lugar de aparecer desnuda y ser retratada como el frágil apetito de todo aquel que la observe, aquí es una desgreñada y zarrapastrosa protagonista con rasgos asexuados. Sus mayores atributos son sus ojos y ese pelazo oscuro como las páginas que le siguen. El carboncillo con el que se ilustra quizá sea la única cosa verdaderamente opaca de todo este texto. Las verdades, los secretos, los deseos y los impulsos esenciales se revelan de modo tan natural como el árbol cuyas hojas verdes y carnosas al final amarillean y caen débiles y fugaces. Si bien uno va poco a poco aceptando su naturaleza, también los impulsos más esenciales, de los que hablaba Freud con más erudición –nuestras necesidades fisiológicas, sexuales y agresivas– también deberían ser normalizadas para que no hagan demasiado bulto en nuestra psique. Bueno, creo que no es exactamente así lo que dice el neurólogo, pero más o menos.

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El arte del cómic para Inés Estrada sería como escribir una carta a un amigo o amiga muy cercano. No le vas a mentir. Tienes que ser tú mismo. Bueno, ¡qué demonios! En realidad mentimos a todo el mundo, incluso a nosotros mismos. El narrador del que hace uso la autora mexicana es omnisciente. Quiere decir que hay alguien o algo por encima del personaje y que este algo puede acceder perfectamente a la vida y pensamientos de la protagonista, esa joven traductora que trabaja desde casa. Al ocupar lugar tan privilegiado, la omnisciencia, el lector se enfrenta a la reveladora trascendecia de actos tan simples como rondar por tu casa invadido por un ocio perentorio o chatear con los amigos que aparezcan por las redes en el verdadero lenguaje de la nueva comunicación 2.0 y la jerga juvenil. Actos que al fin y al cabo constituyen la mayor parte de nuestro tiempo vital. El cómic reconstruye a la perfección la sensación de ese tiempo vivido/malgastado que transcurre como un cohete ardiendo a cámara lenta sin el menor control. Vuela a través de pensamientos, sensaciones, recuerdos para después volver de nuevo a la acción presente, donde se encuentra trabajando.

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“Traducciones” (2013) tiene un aliento poético que nos desmaya por ser algo mal oliente, desordenado y carcomido, que nos marea por neurótico y ebrio, pero que es totalmente legítimo. Después de este cómic Inés Estrada ha publicado Lapsos el año pasado editado por Edidiones Valientes, aunque previamente es ella la que autoedita y vende sus propios trabajos en ilustración, cómic e incluso complementos y ropa.  Su próxima novedad es una recopilación de historietas  titulada Impaciencia .

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