Reseñas

Luchar con el pensamiento :: “La Virgen Roja” de Mary M. Talbot y Bryan Talbot.


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“El poder está maldito y por eso soy anarquista” –Louise Michel, “La Comuna de Paris” (1871)

Para mí, las utopías duran lo que dura un sueño o la lectura de un libro. La historia confirma que la más duradera fué de casi dos meses, durante la Comuna de París. Aquel fué el primer intento de autogobierno destituyendo toda forma de poder y adoctrinamiento, incluso el poder bélico y militar del hombre, la iglesia y las instituciones reguladoras de un sistema educativo que había demostrado ser vago, selectivo y que amaestraba la mente humana sin dejar espacio al libre pensamiento. El pueblo se levantó contra las fuerzas de un gobierno nacional recién debilitado por el ejercito prusiano que ya en Septiembre de 1870 sacaron a Napoleón del poder. La militancia desarrolló un plan insurgente mediante el cual se establecía un armado sistema de administración de los bienes y edificios nacionales, así como un nuevo sistema económico que partía de la supresión de la propiedad privada.

Como en otras revoluciones, el pueblo hambriento y sediento de venganza, se pone de acuerdo para constituir lo que les correspondía de manera legítima, haciendo suya la afirmación de Karl Marx sobre que la sociedad burguesa del Capitalismo sería reemplazada por una nueva clase social, el proletariado, compuesto por los trabajadores, los pobres, la gente del campo, etc. Así mismo, el asunto por el cual Louis Michel –la protagonista de esta historia– sería más recordada es por su denuncia de la desfavorable situación de las mujeres, no trabajadoras en el término legal, pero sí esclavas de sus hogares y de la crianza de los hijos. 

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La voz líder de este movimiento anarquista, progresista y movido por un espíritu utópico hasta hoy renovador, era “La Virgen Roja” (2016), apodo mediante el cual se conocía a Louise Michel, poetisa y escritora anarquista revolucionaria. Ese apodo da título a la novela gráfica de los Talbot, un matrimonio de creadores (ella historiadora y guionista; él dibujante) que han unido sus fuerzas a favor de la reconstrucción de una “Herstory” (historia de las mujeres) con títulos como “La Niña de Sus Ojos” (2017) o “Sufragista” (2015). Me gustaría decir que la fuerza de la mujer en cuestión, nacida en el seno de una familia de clase humilde y que no tiene miedo a luchar en la que será una de las primeras pocas ocasiones en la historia de occidente en que una mujer se pone al frente de la guerra, es proporcional al efecto que sus ideas han causado en nuestras sociedad contemporánea, pero la verdad es que hoy todavía se lucha por lograr algunos de los planteamientos que Michel planteó en sus escritos y oratoria. Es más, es probable que esos mismos planteamientos del siglo XIX sigan considerandose una locura o una degradación social en pleno siglo XXI por una mayoría conservadora y temerosa de respaldar cambios que puedan hacerles perder su privilegiado estatus.

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Ella dice en el comic, “el matrimonio, ciudadanas, es el mayor error de la antigua humanidad. ¡Casarse es convertirse en esclava!” o “Queremos un matrimonio libre donde el hombre no tenga derecho de propiedad sobre la mujer.” Hoy en día el hombre asevera su poder sobre la mujer con cada víctima de la violencia machista. Es el último decreto del mandamás y eso que nos creeemos una sociedad progresista. Sin embargo, seguimos divididos, como notaba la autora. Somos antagonistas y con la tecnocracia, en la que confiaban en el siglo XIX con el inicio de la industralización y en la que Louis Michel siempre puso sus esperanzas –imaginando la materialización de los mundos imaginados por los novelistas H. G. Wells o Julio Verne– no cambiaron las cosas. Esta forma de gobierno apoyado en cada ciencia y en cada industria también puso a la cabeza de la ingenieía al hombre, apartando  y oscureciendo la historia de las mujeres pioneras en el mundo tecnológico (Ada Lovelace, Edith Clarke, Grace Murray Hopper, Jude Milhon, etc.). En eso se equivocó Michel, que esperaba más del futuro, ya que además de abandonar el mundo de las ideas progresistas, los tecnócratas –a los que hemos pedido auxilio en plena crisis económica– se alejaron de una política y filosofía social como la anarquista, para cuyo desarrollo Michel significó tanto. Michel amaba el futuro, las utopías mecanizadas, pero lo más importante para ella era la revolución social. Como dice en una viñeta del cómic: “Mejorar el futuro no depende de las máquinas y aparatos, sino de los niños.”  

louis-michel-102346_561x316La recuperación de la figura de Louise Michel (la virgen roja) no es ya solamente necesario para la genealogía, a la que se suma el actual mundo del pensamiento –no sabiendo si muchos lo hacen por tendencia o por justicia–, sino que se recupera una voz imprescindible para la formulación de una política del humanismo. Y es una política humanista porque no se limitó a explicarse en términos revolucionarios y feministas. Michel también comprendió la realidad de las tribus nativas de Nueva Caledonia, desestimando la mirada del colonizador para abusar de sus semejantes. En sus memorias, Louise Michel confirma algo muy importante para el pensamiento revolucionario, 

“Durante años la raza humana ha descansado en su crisálidad con sus alas dobladas sobre sí; ahora es el momento de que la humanidad extienda sus alas. La raza humana que emerge de su crisálida no entenderá porque permanecimos tumbados durante tanto tiempo.” (Michel: 139) 

La autora de los poemas “À Travers la Vie et la Mort” (1894) representa ese toque de pasión carmín que tiñe aquí y allá elementos de la narración visual; una retrospectiva narrada por la hija de su compañera en la revolución a quién escucha con atención la autora y socióloga Charlotte Perkins Gilman. Esta autora americana sirve de excusa para la recuperación de la vida de Michel, pero también establece un estratégico debate diacrónico sobre los términos de la verdadera reforma social que llevaría a cabo la líder francesa. En contraste con el supuesto segregacionismo de Gilman, quien también escribió el singular relato “El Papel de Tapiz Amarillo” (1892), Louis Michel rechaza la visión pesimista del determinismo social y abre los ojos a los gobernantes remarcanado la importancia del humanismo y el gobierno de nadie y de todos. El presente es un buen momento para recuperar esas ideas, ya que han vuelto ha quedar en desuso, sobretodo en las áreas de poder vigentes. Ese sin duda será el motivo por el cual siguen cogeando los cimientos sociales y por el cual el cielo seguirá pintándose igual de gris. 

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