Cómic y Novela Gráfica

La Soledad es una Aventura :: “Pink Mouse” de Ana Mushell.


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¿Hay algo más ambicioso que dominar el mundo, como querían los villanos de las series de la tele? Pues sí, hacer el mundo a tu manera. Supongo que este deseo puede satisfacerse con la ficción. Esta, aunque socabada en la mentira, nos demuestra que otro mundo –decorado y administrado por nosotros mismos– es posible. Junto a la recuperación de ese mundo nos hacemos más fuertes, pues tenemos que asumir roles de  gran embergadura. El artista, al decir, al dibujar, al fotografiar o esculpir, recrea el mundo, tal y como mantenía el poeta Stephane Mallarmé. Los artistas son los amos del mundo: superan las claúsulas del contrato, se van sin freno a trascender las leyes de la comunicación, al límite del suceso, de la vida. Salen despedidos al espacio, como en la narracion de Ana Mushell, “Pink Mouse” (Ediciones Hidroavión, 2017) desde donde la prota se atreve a abrir la cápsula espacial y explorar qué hay allí fuera.

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Si Alicia construía “Wonderland” en sueños, la lectura de esta novela breve recrea el ansia secreta que todos albergamos de partir, de aislarnos y vivir por nosotros mismos. Por supuesto, la idea va acompañada de dificultades, anhelos de volver a lo conocido, de protegernos en los demás. Para superar esta falla sentimental, en Pink Mouse, la nave que nos conduce a esta aventura, llevamos lo que más nos importa. Nuestro aspecto y objetos mundanos contrastan con la grandeza de lo desconocido y aportan confort al viaje. La viajera también disfruta de un soporte de realidad virtual que le hace sentir de nuevo en el mundo y mantiene charlas con el robot de abordo, que yo imagino a veces con la voz de Elvis y otras con la de Patsy Cline, y con quien una noche de sexo hubiera ampliado las referencias cinematográficas (“Her”, de Spike Jonze) y las páginas del libro.

pink1Por primera vez inventando su mundo, Ana Mushell toma el control de la nave y escribe y dibuja todo su universo. Vuelve a deleitarnos, como no, con una iconografía en la que abundan las referencias rockabilly, con ese medrado “horro vacui” pringado de brillantina y de “grasa” para el pelo. Los tatuajes y la recuperación de los fetiches ciencuenteros se acoplan a la historia espacial como no hubiéra imaginado nunca. Sin tocar la retórica Harley Davidson, la nave que da título al libro, “Pink Mouse”, reinventa el género sci-fi al fusionarse con los patrones de las “teen-movies” ambientadas en los años 50 y 60, como hace gran parte de la filmografía de John Waters. El asfalto estelar está plagado de estampados y objetos de culto, posters y reminiscencias del cómic “underground” y a todo ello le acompaña una historia sencilla, en la que el estilo directo y la crónica generan un suspense agradable, acogedor e irresistible que directamente nos convierte a todos en “starman”. De hecho Bowie se refiere al viaje del protagonista como “hazy cosmic jive” un baile de bruma cósmica y la prota del relato canturrea y baila en la nave a ritmo de Billie Holiday en compañía de ese HAL 9000 conviviente y muy enrollado. 

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