Cómic y Novela Gráfica

Echar leña al fuego :: “Fire!! La Historia de Zora Neale Hurston” por Peter Bagge.


firecover

Una mujer que escribe se considera a sí misma la hija metafórica de sus precursoras.

–Sadoff, Dianne F. “Black Matrilineage: The Case of Alice Walker and Zora Neale Hurston”, Signs Vol. 11, No. 1 (Autumn, 1985), pp. 4-26

 

Que Peter Bagge, el último heredero al trono del cómic underground venido de USA, revise la historia de algunas mujeres célebres, rebeldes y luchadoras es una ilusión que no puede cegarnos a simple vista. No sólo trata de constatar que han existido y existen mujeres de carácter que encaran los designios de sus contextos culturales, sino que además, contribuye a hacer del cómic biográfico un medio serio y ensayístico que renueva la narración secuencial para usarla como aproximación a toda una vida. El fuego de Peter Bagge desestima lo inútil, lo inflamable y se queda en cambio con objetos, sucesos y acciones indelebles que son capaces de producir las mismas heridas en la conciencia social de su tiempo y del nuestro. El lector o lectora quede advertido: esta lectura echará leña a un fuego en el que arden ideas sobre las diferencias de clase, el color, el norte y el sur, y cómo la protagonista entiende algo más bien diferente a partir de las convenciones.  No es que el cómic resulte ser algo que no esperábamos. Es más, defiendo que las intenciones del libro quedan aclaradas desde el principio y son evidentes, por ejemplo, en el dibujo de la portada, donde vemos a la escritora caracterizada con el look “blanco total” que sólía usar blandiendo un revolver mientras apoya su pie derecho sobre el invento revolucionario de aquel siglo, el automóvil. El dibujo la sitúa en un entorno forestal junto a un árbol de cuyo tronco se extrae la codiciada trementina, un fuerte disolvente usado en las facetas artísticas y artesanales para la creación de pigmentos y la limpieza de residuos. Es verdad que habrá un episodio esencial en el que Nora Neale Hurston se infiltra en una comunidad de recolectores de trementina para observar su costumbres, pero el hecho de que la sitúe allí reafirma el tono rupturista de este título: uno de esos ejemplos de cómic que usan el código para algo más que el entretenimiento. Las intenciones de reinar por encima del dominio de lo histórico, de la cultura popular y del divertimento se hierguen como el brazo de la protagonista . Si la intención original de aquella publicación literaria llamada “Fire!!” era romper moldes con respecto a las letras y literatura del colectivo Afro-Americano, Peter Bagge también nos invita a catapultar algunas bases históricas preconcevidas acerca de la condición “negra”, la cultura, la visión hegemónica, la tolerancia racial, la religiosidad, etc. Es lo que se llama, “echar leña al fuego”, o elegir un tema o una protagonista que tenía un modo original de concevir ciertos asuntos sociales controvertidos.

La exploradora Zora Neale Hurston y sus concluyentes y apodícticas visiones acerca del colectivo Afro-Americano respecto a su aún imperante inferioridad con respecto a la cultura caucásica, le llevan a investigar una vida sin desperdicio seleccionada para leerse en un formato demasiado sintético para dar explicaciones. Es todo un reto bien realizado que busca que nos tomemos en serio –o no tan en serio– el legado que la historia tiene sobre nuestros modernos hombros y cómo cualquier intento de ser una mujer auténtica, como lo fuera la gran Margaret Sanger, sobre quien escribió “La Mujer Rebelde” previamente, tiene un precio alto que pagar. Nora fué burlada no sólo por su condición de mujer de raza negra, sino por sus altas expectativas con respecto a la alta cultura, el mundo académico o sus relaciones con hombres generalmente más jóvenes que ella. Batiéndose entre los términos de la investigación y la creación literaria y teatral, la autora no era –tal y como nos la presenta Bagge en el cómic– dócil ni adiestrable por el sistema. Si alguna vez tuvo que asumir un rol que no le correspondía fue para volver más tarde a colocarse entre aquellos cuyo trato despreciativo o su poder en el gremio no temía: editores, periodistas, investigadores, sin menospreciarse o caer en las exigencias de ningún otro interesado.

Si bien Nora Neale Hurston parece ir en contra del etnocentrismo y la actitud piadosa del blanco con respecto al negro, la autora –desde la postura relativista– defiende la valoración y conservación de los caracteres que hacen peculiares a una cultura frente a las otras y por tanto, reniega de las políticas integristas de su tiempo, así como del comunismo que tildó de “hipócrita”. Tampoco le interesaba la emergente globalización, ya que ella consideraba que esto haría peligrar la autenticidad de cada pueblo y contagiaría al mundo de un nihilismo cultural que se obligó a contradecir, entre otras cosas, con sus estudios a pie de campo en torno a las manifestaciones del folclore Afro-Americano. Estudios que, por otro lado, quedaron –como su obra literaria– al margen de la industria y ninguneados por críticas polémicas infundadas. Sin embargo la actitud de Zora va más allá de lo que el entorno social dictara, más allá, si cabe, de cualquier intención por ser comprendida, incluso descrita en un cómic de un autor americano. La suya es una lucha, como la de muchas otras mujeres, por autoafimar su texto y su huella en la historia de las ideas sociales y culturales, por demostrar que las ideas actúan como un mechero en medio de la ceguera nocturna. En “¿Cómo se siente siendo de color?” (1928) Zora comenta: “no, yo no lloriqueo al mundo –estoy demasiado ocupada afilando mi cuchillo de ostras“.

 

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