Reseñas

¿Qué hacemos para ser diferentes? :: “Queer: Una Historia Gráfica” por Meg-John Barker y Julia Scheele.


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Una vez escuché a una conferenciante lesbiana decir que alguien como yo –una heterosexual normativa– no podía hablar de lo que es QUEER. Al menos no podría hacerlo del mismo modo que alguien que no ha comido nunca helados de coco no podría hablar jamás de cómo es el helado de coco. Aquello me produjo una inmensa frustración. Acababa de abrir mi portal de cómic crítico donde abordaría infinidad de temas sobre sexualidad, identidad, sociedad y género desde el mundo del cómic y la novela gráfica, pero entonces me sentí fuera de onda. Recuerdo que al abordar el resumen de “QUIEN SOY” temí confesar mi orientación sexual porque eso dificultaría la recepción de mis escritos y porque sigue pareciéndome ridículo ofrecer ese dato como si tuviera que enseñar el DNI previo paso al garito de moda.

En seguida me surgió una cuestión algo anarquista. Me pregunté: ¿Quiénes somos cada uno de nosotros para juzgarnos por todo? Y a partir de su respuesta, “NADIE”, decidí ser NADIE, pero actuar y hablar de género sin cortapisas. Si tener una relación heterosexual te impide conocer cómo sentirse Queer, entonces la discusión no existiría. Si en algo nos ha iluminado la teoría Queer a los que nos interesamos por ella, es en que nadie se salva de la relatividad sexual y seguro que tampoco existe nadie libre de salir de la normatividad aunque sea en su secreto pensamiento pues, como dijo Van Anders, la sexualidad es multidimensional. Como ya han señalado otros antes, no son mas transgresoras ni deben contemplarse como mas transgresoras las relaciones poli amorosas, igual que no son menos transgresoras, conservadoras o mojigatas las parejas monógamas y heterosexuales. Al contrario, deberíamos aceptar que la práctica sexual va unida o no a las diferentes identidades de género que experimentamos a lo largo de nuestra vida, a lo que hacemos mas que a lo que somos. Así que aunque no fuera homosexual no importaba. Lo esencial es preguntarnos qué hacemos y el análisis del texto secuencial era mi nuevo campo de acción. Resultó que al excluirme me sentí mas “queer” que nunca y eso legitimó mis derechos aún más.

Desde el momento en que abrí la puerta a esta polémica, la de hablar desde la teoría de género y los estudios Queer desde mi hetero-normatividad práctica, esperaba que llegara un libro como este, pues “Queer: Una Historia Gráfica” (Editorial Melusina) aborda la trayectoria de esa corriente de pensamiento y para hacerlo usa el lenguaje del cómic con un fin pedagógico e ilustrativo que ejemplifica y resume las ideas más embrolladas de su filosofía. El libro, escrito por Meg-John Barker e ilustrado por Julia Scheele retoma las características de una corriente de cómic para curiosos, “For Beginners” (Para Principiantes) tal y como rezaban los títulos de esa serie editorial que se popularizó y tradujo a multitud de idiomas. Igual que aquellos, este libro resume todas la teorías y el desarrollo cronológico de los estudios Queer, aunque en sus orígenes no se hubieran identificado como propios. Al hacerlo, comunican las diferentes tradiciones de pensamiento y por tanto, hacen que el lector se posicione y le proporcionan un buen punto de partida para seguir investigando.

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La enorme capacidad expositiva del cómic, desdeñada en el pasado, sirve para aclarar todo lo que hay detrás del término Queer y cómo su categoría se diferencia de la corriente principal para albergar toda una serie de conceptos sobre la sexualidad considerados minoritarios, censurados o apartados de la norma. Es una teoría “performativa” (de “performance”, “actuación”) en la que la mutabilidad del ser es el punto de partida para abrigar otro tipo de prácticas e identidades sin casilla, ya que el libro no para de insistir en que uno de los objetivos teóricos es que bajo este dominio se encuentren no solo prácticas marginales sino personas y comunidades marginales, como las raciales o las clases desfavorecidas que carecen de vivienda o que sufren violencia a diario, pues sus conceptos del amor homosexual o de la transexualidad no serán iguales a los de otros grupos.

Seguramente muchos no sabréis que ya eran “queer” las primeras reivindicaciones teóricas sobre el sexo placentero (Freud), sobre la masturbación, los terapeutas y sexólogos –en cuanto que sus estudios se alejan de la propaganda social puritana–, las manifestaciones por los derechos de los gays y lesbianas, las luchas feministas (Simone de Beauvoir). Es esencialmente “queer” todo cuestionamiento del pensamiento binario (hombre-mujer, sexo normal-sexo anormal, normal-extraño), como ya eran “queer” sin saberlo los existencialistas cuestionando el esencialismo y el determinismo biológico, pero reconociendo al individuo en una lucha constante por auto-crearse. Son “queer” los envites contra el poder y las clases sociales, contra el capitalismo y su construcción de un “ideal” con el que no necesariamente nos identifiquemos, como que el fin último de una mujer es encontrar una pareja con la que casarse y tener hijos o la jerarquía sexual resultante que analiza y describe Gayle Rubin.

La doctora Meg-John Barker es una terapeuta y docente en Open University que ha fundado publicaciones y redactado artículos sobre Sexología Crítica. Autora de “Rewriting the Rules”, propone partir de la idea de que cada individuo es mas complejo de lo que parece y que el modelo de relaciones que propone el patriarcado es demasiado estrecho para albergar todas nuestras particularidades.

Julia Scheele, la encargada de animar todas las ilustraciones e ideas de la autora, no es ajena a la discusión. Líder del colectivo feminista One Beat Zines, junto a Sarah Broadhurst, producen contenido relacionado auto-publicando sus reflexiones y antologías sobre feminismo desde diversos puntos de vista, a la vez que divulgando la obra de otras autoras.

Tras presentarnos los propósitos y dilemas de la teoría “queer”, también se nos da a conocer a grupos y comunidades nacidas para constituir sociedades ideales (Queercore, Queeruption, Anarquismo LGBT, Queer Nation, ACT UP). Sin embargo, la mayoría de ellas –tal y como indica Julia Serano– crea sus jerarquías internas y sus propias normas. Lo mejor de la actitud queer, según he entendido yo después de leerlo, es que puede quedarse uno al margen de esas comunidades tan identificadas y proponer que la vida sexual sea transgresora adoptando una actitud crítica contra el binarismo y los dictados sociales. Defensiva y activista, esta actitud consiste en liberar a lo social de una dominancia ideológica que reduce nuestra naturaleza y pone muros al escenario de nuestras vidas.

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