Cómic y Novela Gráfica/Reseñas

No entienden nada :: “El Hombre Nuevo” de Ralf König (30 Aniversario)


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Todo parte de lo normativo y aunque sea algo paradójico, el sexo (ese torpedo de emociones incontrolables) es normativo. Es decir, que –al igual que muchas de nuestras actuaciones–obedece a aquello que la sociedad dicta. El individuo es un actor del guión social y solo si se desvía de las expectativas se convierte en un transgresor. Decir que la actual concepción de las relaciones sexuales está en proceso de cambio porque parezca que asistimos a una hetero-renovación o a un progresivo desvío de la norma por parte de los sujetos que se adhieren a ella, es algo impreciso. El desvío permanece en estado de latencia hasta que se convierte en norma y por eso entiendo que lo único que podemos definir son las fronteras de lo normativo: si se han ampliado respecto al pasado o no. En este sentido, la novela de König puede interpretarse como una alegoría. El hombre hetero es la conciencia de la sociedad patriarcal (soy un macho y me acuesto con quien quiero, pero también necesito estabilidad). Hay que seducirlo, despertar sus deseos latentes, para que se convierta en el hombre nuevo sugerido en el título. Lo que ocurre es que el título no es muy acertado (se tradujo como “El Hombre Deseado” para la versión cinematográfica de 1995) porque esta entidad no tiene lugar. Al contrario, hoy en día las normas y las etiquetas que ponemos a cada identidad sexual limitan nuestras perspectivas y siguen haciendo que la transgresión en materia de sexo sea sinónimo de perversión.

coening6.jpgEn “El Hombre Nuevo” el autor alemán elabora una comedia de enredo a partir de las perversiones y confusiones de un grupo de hombres de tendencias sexuales diferentes. El lector se encuentra jugando en una misma partida a los heterosexuales –cuestionando su virilidad respecto a lo normativo– y a los homosexuales –explicitando su antagonismo con sombreros de plumas y vestidos de encaje. El cómic demuestra muy bien cómo todos ellos son víctimas de las normas constituidas en el seno de su comunidad y por lo tanto juzgan la normatividad y la transgresión de forma diferente. Lo justo es que nadie esté en lo correcto mientras no nos alejemos de ese marco de referencia o ese pepito grillo pesado que nos lo pone todo más difícil de lo que parece. En cambio, debemos reflexionar acerca de nuestra verdadera esencia al margen de los estereotipos. El asunto de la representación cultural, la normatividad y la disidencia como transgresión es analizado también por Facundo Nazareno Saxe en las historietas de König para Cuco Cuadernos (Revista 10) donde el crítico apunta que precisamente una respuesta de censura por parte del gobierno dio mas trascendencia y popularidad a la obra de este autor original de Soest, quien comenzó como aprendiz de carpintero.

En los años 90, década en la que se publicó por primera vez este título de Ralf König, llamábamos transgresores a los sobacos sin depilar de Julia Roberts, las canciones de Bikini Kill, el sexo en lugares públicos o a las pelis de Gregg Araki. Especulábamos sobre el SIDA (su capacidad de contagio, el mundo gay, la promiscuidad, etc) y nos ponía en jaque toda la estética “andrógina” de finales del siglo XX, con gente como Bowie, Grace Jones, Amanda Lear o Michael Jackson. Ese tipo de transgresores, como el autor de este integral editado por La Cúpula (editorial que atesora todos los títulos de este pionero del cómic de temática gay), eran todo lo irracionales que podían, si entendemos que el racionalismo –en su empirismo– ha despreciado asuntos como el amor o la identidad. En ese sentido, el autor alemán siempre se sintió en el reino de lo underground que en los ochenta era igual a transgredir el lenguaje del arte y la representación –igual que hicieron autores referentes como Robert Crumb, Richard Corben o Claire Bretécher.

Ya han pasado unos cuantos años y aún existen muchos prejuicios. Por ejemplo, hay una tremenda desorientación respecto a los géneros fluidos, la bisexualidad o la pansexualidad en tanto que no son reconocidas por la sociedad en su totalidad. Tampoco se está al tanto de la enorme misoginia entre los hombres gays, incluyendo una fobia extrema a los órganos sexuales femeninos y por supuesto, los estereotipos de género siguen afectando el modo en que la mujer accede a ciertos puestos de trabajo y cómo se las considera y respeta en determinados contextos.König - El hombre nuevo - integral - tripa CS4 con correcciones.

Quizás en poco tiempo la mayor parte de los heterosexuales de hoy en día comprendan las limitaciones que trae consigo el binarismo de género, en tanto que un par de categorías no definen la complejidad humana y mucho menos deben determinar los valores asociados a cada una de ellas. Puede ser que entonces cambien su actitud respecto a la pareja, los roles de cada género, los colectivos LGBTIQ, etc. En ese momento construiremos una base normativa nueva, no un hombre nuevo. En esa base social se construirán roles mas amplios sin mirar a qué género pertenezcas y con quien te acuestes, porque estos aspectos no deben suponer limitaciones para la vida social.

 

Sin duda, gran parte de nuestra convencional manera de ver la sexualidad viene de nuestra educación y no del hecho de que amemos al sexo contrario, por lo que la educación debería dirigirse no hacia donde conviene al sistema de producción –tan importante para que gire la rueda del capitalismo–, sino hacia valores favorables al desarrollo personal. No puede ser que la sociedad me haga “bullying” desde que cumplí los 28 años porque tenga edad para tener hijos, o que las religiosas de mi cole me dijeran que sería una gran bailarina si no fuera tan “ruda”. No puede forzarse al personal a creer en las relaciones a largo plazo porque no existen para todos y no todos están preparados para ellas, pero tampoco se puede reeducar a un individuo para que ame a este y no a esta.

El humor gráfico, como bien sabe König, explora los prejuicios y asociaciones fallidas apuntándonos a todos para que recapacitemos. Sus libros no están dedicados al colectivo gay en exclusiva. Es muy interesante que los lectores constatemos la posibilidad de mantener relaciones diferentes para contrarrestar la fuerza que ha tenido la representación del deseo heterosexual en nuestra cultura. Tiene que haber discursos homo-eróticos y queer por todas partes, porque lo queer es un estado de cambio, un instante  durante el cual individuos o conceptos cambian de polos, van de lo incomprensible a lo comprensible, de lo inaceptable a lo aceptable y pasan de ser cautivos a ser libres. Me gustan mucho Humphrey Bogart e Ingrid Bergman, pero no puede ser que “Casablanca” siga liderando la lista de pelis románticas de nuestros hogares. Los avances que se han logrado ha sido precisamente por ofrecer alternativas sin marginar realidades constatadas.

Algo que se aprecia bastante bien en el cómic es que hace falta convivir para tolerar. Hablar y comprender la realidad del otro, demostrar algo de interés y curiosidad para entenderse. Y no es esa curiosidad de chismorreos y espionajes tan típicos de la comunidad de vecinos y el ambiente de la oficina. El matrimonio que vive al lado se dicen mientras escuchan gritar a Axel y Doro: “Quién sabe si fue él el que le hizo el hijo. Ella también es un pendón” (149) Hace falta preguntarles a aquellos que viven una realidad diferente a la nuestra, en lugar de quedarse con la versión difamada sobre su caso y, por supuesto, las mujeres debemos estar muy presentes porque tal y como demuestran las ficciones de König, somos seres sexuales y para todos el deseo es una fuerza ecualizadora a la vez que caprichosa y muchas veces, fruto del programa social, este vive cautivo en nuestros sueños a falta de realizarse libremente.

Las relaciones homosexuales o las poli amorosas han ayudado a relativizar la sexualidad del hombre y la mujer, al igual que los transexuales o las personas transgénero han acabado por redefinir aquello que es “ser hombre” y “ser mujer”. Por último, el feminismo ha obligado a todos esos términos a entenderse. Ese “él no entiende” que se dicen entre ellos los personajes de König mirando al hombre heterosexual, es la premisa del feminismo. Una premisa que pretende hacer ver que la igualdad –aunque a priori les robe privilegios a algunos– sea el punto de partida para emanciparnos de los estereotipos en los que no logramos encajar. Además, respecto al feminismo König es un avanzado, pues entre tanto caos emocional también incluye el hándicap de la maternidad: cómo la mujer, una vez se queda embarazada, sufre el rechazo de su pareja mientras ella es víctima de un agresivo apetito sexual, además de otros cambios que nadie excepto ella comprende del todo. Quizá sea debido, a que, tal y como indica Facundo Nazareno Saxe en su artículo, “la obra está enmarcada en los debates del feminismo alemán de los años ochenta”, y por eso “se ridiculiza a los varones heteropatriarcales que se sentían amenazados ante el avance del feminismo en la sociedad” (15). Sin embargo, Doro –el personaje femenino de mayor presencia en el cómic– merecería un tratamiento más profundo y algo de lo que aquí no se trata salvo como especulación: su libertinaje. Sí, de nuevo los estereotipos: Doro es más sensible y nostálgica, confiada y amante de su casa, pero ¿qué tal si no hubiera tenido tantos escrúpulos o no fuera una romántica empedernida? Hubiera sido interesante que Doro se revelara contra las expectativas y que entre una de sus amigas y ella hubiera existido una intimidad vacilante y enigmática, por ejemplo. Pero, claro, el cómic es sobre el hombre nuevo. Quizás haya que esperar a que se edite alguno sobre la mujer nueva. Tendréis noticias si me entero de algo. Me quedo con una frase omnipotente de Norbert Brommer (el personaje más cabal de la ficción): “En mi opinión las mujeres deberían entrar en la política y los hombres heteros volverse maricones. Sería la única forma de salvar al mundo” (54).

 

 

 

 

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