Manga

Lo peor de Japón en “Obscenidad”por Rokudenashiko.


Portada del manga editado por Astiberri

Las guías de viajes y los restaurantes de moda destacan lo mejor de Japón: su moda, la gastronomía mas avanzada, el manga, el progreso y un largo y merecido etcétera de cosas bizarras y desacostumbradas que hacen las delicias de los potenciales turistas y examinadores.

Rokudenashiki durante el juicio mostrando sus “mankos”

Las dos últimas palabras que he aprendido sobre Japón son: “Ramen” y “Manko”. La primera es una sopa tradicional de fideos y la segunda significa “vulva”, pero guarda una estrecha relación con el término japonés que designa aquello que es “obsceno”. ¿Por qué? Los genitales masculinos, así como su intencional falogocentrismo no están en cuestión, pero parece que exista una repulsión hacia la vulva. La vulva, como la mujer en su totalidad, al igual que los homosexuales, son clases sociales marginadas o “subalternas”, como las llama Gayatri Chakravorty Spivak, en su ensayo “Can the subaltern speak?” de 2010. En el texto de Spivak los subalternos son la población colonizada por otra sociedad más poderosa, pero esto sirve para ejemplificar también la fuerza que tienen algunas jerarquías sobre las otras en sociedades tan ordenadas como la japonesa. Tal y como indica, a los subalternos se les aparta por medio del estatus social y se les niega el acceso tanto al poder mimético (en el que se incluiría la representación artística) como al poder político silenciando sus voces.

Lo peor de Japón es que toda su apariencia progresista y rupturista, en aparente armonía con las tradiciones, oculta una verdad terrible: que son una sociedad muy machista. Así mismo, el título que reviso en este texto se plantea varias cuestiones epistemológicas. Por un lado, “¿Qué es la obscenidad?” (título original del manga) y por otro, ¿qué tiene de malo el chichi?. Yo he tenido la suerte de comprobar en primera persona algunas de esos aspectos que construyen la identidad del país asiático. He visitado algunas de sus grandes ciudades y populares calles observando multitud de sugerentes caras femeninas que lucen igual de impersonales y de perfectas hasta parecer todas la misma persona. He visto la corrección en sus modos de andar, su costumbre de ir maquilladas hasta el último pelo y sus modales risueños, pero silenciosos. En las pequeñas poblaciones las mujeres se dedican a las tareas del hogar o aguardan tras el escalón que distingue el mostrador –con suelo cubierto de tatami– del suelo por el que transitan los clientes de souvenirs. Te saludan con la cabeza y observan discretas por dónde vas, dónde te detienes para ofrecerte algo parecido. Tras las apariencias se esconde una cultura opresora que promueve prototipos femeninos inocentes y aniñados, fáciles de dominar y malear al gusto de ellos. Si bien los rigores sociales se caracterizan por ser estrictos para todos, las japonesas se llevan la peor parte, careciendo además de legitimidad para decidir u ostentar roles de mando y responsabilidad. Por supuesto, la mujer artista, como reconoce Rokudenashiko –autora de este manga traducido por el sello Astiberri– tiene que superar muchas dificultades ya que solo para ser artista debe renunciar a llevar el modo de vida que la sociedad tenía previsto para ella. Después, por supuesto, su arte se verá subestimado y despreciado por las élites críticas que, en el caso de Rokudenashiko y tratándose de una artista que representa vulvas, se interpretará como un delito de “obscenidad”.

Por supuesto lo que revela el resultado de usar los genitales femeninos como elemento artístico prioritario es que los supuestos de obscenidad, repugnancia y tabú están establecidos por el órgano social de poder. Por eso la función de la artista, que en ocasiones parece sublevarse en el contexto de otro siglo, es la de recuperar la naturalidad de este elemento anatómico que define el género de al menos media parte de la sociedad. Esa que es la única salida a la vida, tal y como la conocemos, la vulva de las mujeres: ya nos gustaría volver a ella, cerrar el círculo vital recuperando la forma inicial para empezar otra nueva experiencia.

Página del manga “Obscenidad” de Rokudenashiko

El encarcelamiento de Rokudenashiko (cuyo nombre real es Megumi Igarashi) es el punto de partida de este manga. Cuando la artista decide construir una maqueta 3D de su vulva para una canoa “manko” que conducirá ella misma. El momento en el que la artista decide abrir un “crowdfunding” para financiar este proyecto, las autoridades la convierten en su objetivo. Su arte sin duda combate el negativismo hipócrita de su sociedad respecto al sexo de la mujer esculpiendo y produciendo esculturas de su vulva y la de otras mujeres a las que admira, pero que este sea el origen de su encarcelamiento no es sino la evidencia del error en el que vivimos.

Por supuesto, la proliferación de las noticias y los diferentes medios de comunicación de que disponemos, pronto extenderían las noticias sobre la artista en todo el mundo y la importancia de lo que ella trataba de conseguir por medio de su particular producción artística. Es entonces cuando el efecto rebote del “manko” consigue librar su dura batalla a lo Dragon Ball contra el machismo del planeta. Aún en ciernes hasta en el contexto occidental –que no encarcela pero sigue juzgando “inapropiado” el cuerpo de la mujer– esta batalla o la cuestión de la vulva podría revolver la concepción de aquello que entendemos como “mujer” según el constructo patriarcal, como ya hizo la autora belga Monique Wittig –a quien he descubierto hace poco. Monique Wittig usaba el concepto de las lesbianas –que existen las unas para las otras–, para desarticular el concepto de “mujer” asociado a las mismas. Si en Wittig el lesbianismo es combativo, en Rokudenashiko el “manko” toma su trinchera. Toda vez que hemos tenido la fuerza necesaria y poco a poco vamos ganando el combate al partiarcado, tenemos la libertad suficiente para exhibir la vulva, ese antagonista encerrado como el caballero de la máscara de hierro. Ahora renace en su liberación y hay que reinterpretar la historia en base a cómo se le ocultó y por qué. No me digáis si no es justo que después de estas pericias, que sin duda tomarán su tiempo aún, el individuo “re-sexualizado” tome una nueva categoría. Ahora que tenemos vulva quizá nos pertenezca decir quiénes somos en realidad.

 

 

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