Cómic y Novela Gráfica

El autor juega a ser Dios :: “David Boring” de Daniel Clowes


Portada de “David Boring·

La Cúpula anunció recientemente la reedición de este clásico de Daniel Clowes que el autor publicó al abrigo de los nuevos tiempos que abría el año 2000. De hecho si en algo afectó el sabor premonitorio de estos tiempos a la novela es en su tono apocalíptico “ala Nostradamus” o “ala Watchmen”. 

El protagonista comienza su historia en mitad de otro de sus episodios sexuales. A partir de ahí, todos los sucesos y escenas que le siguen –además la novela está dividida en tres actos– consiguen provocarme la misma sensación de suspensión, como de “coitos interruptus”. Esa técnica narrativa, venida de la literatura clásica y llamada “in media res” quizá sea la culpable, pero desde luego sirve de maravilla al autor para describir el modo en que David Boring se evade de cada asunto que le rodea. Como buen adolescente, el chico tiene aires de grandeza, cree estar en el punto de mira y es un poco peliculero. Por eso, para narrar su mezquina vida, aunque aparente estar milimétricamente documentada –como en la crónica diaria del detective Marlow–, el pobre mezcla mas fantasía que realidad entre las escenas, logrando otorgarle un arrítmico devenir. Aviso, esto es algo incómodo, pero también genial.

Boring no es sólo un tipo con una vida muy aburrida sino que es un mentiroso y un fracasado. Sí, es de los que piensan mientras hacen el amor y eso no es bueno. Todavía busca a su mujer ideal cuyos inigualables rasgos dependen del tamaño y forma de su trasero y quiere ser director de cine para grabar una película pornográfica con su amiga Dot, una lesbiana que me parece una inocua estrategia del autor para diluir la carga de personajes femeninos estereotipados.

Página de la edición francesa de “David Boring”

La mentira y el fracaso vienen de la mano en esta historia que transcurre en la década de los noventa. Digámoslo de este modo: el fracaso justifica las ansias de mentir el narrador protagonista. El modo quijotesco en que construye la realidad le hace parecer un héroe que, en lugar de enfrentarse a gigantes, lleva al delirio a mujeres de cualquier edad y constitución, elude a la pasma y parece estar envuelto en muchos casos a la vez. En definitiva, que cree vivir su vida como en una película de cine negro. Género, a su vez, genuinamente americano y que hizo crecer la industria del cine en los estados unidos durante al menos dos décadas.

Gracias a su fantasía cervantina, el caso de David Boring, por sexista, y soso que sea el personaje, acaba constituyendo una fantástica narración que me obliga a recomendarlo como lectura. Y es que en este clásico del autor norteamericano Daniel Clowes se articulan –como poco– tres niveles narrativos simultáneamente, sin contar con la fabulosa técnica gráfica que combina sus rasgos más reconocibles con planos venidos de la técnica expresionista, el claroscuro y la iconografía popular “made in USA”, con viñetas que parecen cuadros del pintor Edward Hopper.

Uno de estos niveles narrativos lo ocupa el cómic “Yellow Streak” que David Boring lee de vez en cuando. Su ausente padre era el creador de aquellas historias sobre un héroe atípico que se enfrenta sin cesar a su antagonista femenina, la bruja disfrazada, otra parodia de ese atribuido carácter posesivo de la mujer que también se asocia con la madre del protagonista.

Viñetas en las que David Boring lee “Yellow Streak”

El segundo nivel narrativo lo constituye la narración de Boring que, a su vez, se compone de otros dos niveles: la narración convencional y la metaficcional, o aquella en la que el propio Boring actúa como si fuera el autor de la novela gráfica.  Como cuando dice, “Siempre podéis volver a esta escena en caso de que os liéis.”

No obstante, aún podemos hablar hasta de un cuarto nivel narrativo. Debido a que la meta ficción y el hecho de que esté narrada en primera persona podrían asociar al personaje con su autor, y para que esto no le cueste caro al propio Daniel Clowes, hay un cuarto orden narrativo, el omnisciente. Aunque no interviene directamente en el relato, sin embargo, en algunos momentos de la historia Boring alude a un poder omnipresente y divino contra el que los humanos tenemos poco o nada que hacer, e incluso le pide clemencia. Ese Dios juguetón que nos aplasta con su dedo índice podría ser una extensión más de Daniel Clowes. Un recurso que le sirve para legitimar su poder como autor, su capacidad de jugar a ser Dios en el terreno de la novela gráfica donde además se ha encumbrado como uno de los más importantes del último siglo y parte del presente.

Ese juego lúcido entre los cuatro niveles de narraciones corrobora que su autor piensa demasiado con la polla. Es una pena que no sea capaz de construir personajes femeninos de mayor profundidad y que la cosificación del sexo opuesto, así como el binarismo de género se extreme a partir de un chico que desea ser mas masculino para no ser tan aburrido sin darse cuenta de que esta es la razón por la que aburre. Venga Boring, no me seas provinciano!!! 

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