Cómic y Novela Gráfica

El Pasaje Místico :: de hombre a otra cosa según “La Loca del Sagrado Corazón”


Portada del cómic

Los devotos siempre se aconsejan los unos a los otros vivir según el dogma religioso, ese código ético que elabora la comunidad a la que pertenecen y que sin duda, adapta esas normas de convivencia al credo compartido. Lo componen normas bastante intuitivas: no hagas algo que te hiciera daño a ti mismo o a tu prójimo, actúa según el modelo de Jesús y el de sus representantes en la tierra, etc. Son predecibles, aunque no evolucionan y se caracterizan por acudir al pecado original para justificar el sacrificio adquirido. Ahora, ¿qué pasaría si los representantes de Jesús o sus emisarios actuaran en contra del código ético que habíais pactado? O no en su contra, sino que mas bien usaran medios un tanto ladinos e infrecuentes en la esfera religiosa. Este dilema sobre el que ensaya Jodorowsky introduce a su ridículo protagonista (Alain Zacarías Mangel) y al lector medio perplejo en lo que he llamado un pasaje místico. Es decir, un viaje al cuestionamiento del dogma y a los anquilosados miedos sobre los límites de la fe y de la convivencia humana. Pero quienes operan sobre el dogma son los grandes pensadores, los representantes del androcentrismo y de aquello que distinguimos como la dominación masculina. En su origen lingüístico, la palabra “dogma” viene del griego dokein: “parecer” y según el Diccionario de la Real Academia Española, es un sistema de proposiciones que se asienta como firme e innegable, además de que no puede modificarse sin afectar a la ideología misma. Esto es lo que sucede en el cómic, que la base del catolicismo se tambalea por la irrupción en la vida del profesor Mangel de un grupo independiente religioso revolucionario y transgresor.

La Loca del Sagrado Corazón (2019) propone un viaje a través de ese mencionado pasaje místico que conduce a un orgasmo cósmico basado en el equilibrio de todas las fuerzas del universo. El libro aborda cuestiones como la libertad de las personas, la naturaleza y los instintos animales, el racionalismo y la erudición. El viajero comprenderá, a través de una terapia cargada de violencia, sexo, huidas y retorno a la madre, que la ataraxia o la paz de espíritu se logra a base de contradecir la genealogía de la moral y los tratados filósofos. La meta es que el pensador deje de pensar como pensaba antes de introducirse en el pasaje para comprender la existencia de un nuevo modo. Este nuevo punto de vista acepta la naturaleza trágica y sobreviviente del hombre moderno, le despoja de su dominación y le arranca de sus muros de protección para que se deje proteger por los que anteriormente consideró seres inferiores o débiles: los dominados.

De acuerdo con la lectura que he hecho de la novela gráfica, el pasaje místico introduce tres variables o etapas evolutivas bien diferenciadas por cada una de sus partes. La primera es la confesión o la verdad detrás de la dominación masculina, la segunda es la catequesis y la tercera es la revolución. En la primera parte –que comenzó a publicarse en 1992 y que después ha dado título al volumen completo editado por Reservoir Books– se adopta el punto vista de un hombre maduro que sojuzga los absurdos sucesos que tienen lugar alrededor de su alumna Elisabeth y sus visiones proféticas. Este es el texto que atrapó la imaginación de Jean Giraud, también conocido como Moebius, quien se encarga de traducir la narrativa tradicional al lenguaje del cómic.

El profesor Mangel ostenta un poder intelectual que provoca atracción y admiración a partes iguales. En el contexto del patriarcado, haciendo honor a su autoridad como académico, ese hombre lucha por ratificar el poder dado. Como él, el lector también muestra reservas respecto a la joven alumna, pero cada vez que descubrimos más cosas de Mangel, nuestro posicionamiento comienza a virar. El profesor no acaba de fracasar porque, como nosotros, acaba concediendo al irracionalismo una segunda oportunidad. Al combatir contra sus instintos, Alain Mangel se libra de la opresión paterna que tampoco le permite ser fértil y entonces fecunda a una estudiante que le asegura que juntos tienen la misión de dar a luz a San Juan Bautista. El falo ya no es solamente el símbolo del poder y la metáfora que concentra todas las fantasías colectivas de la fuerza fecundadora, tal y como lo describe Pierre Bourdieu (2000: 13)[1], sino que juega un papel en la salvación de la humanidad o, dicho de otro modo, ahora el hombre es utilizado por el oráculo. Se abusa de su poder fértil para poder dar a luz a la criatura salvadora, aquella fruto de la unidad y la verdad. No olvidemos que Mangel trata de regirse por lo que debe ser un hombre. Dice, “el hombre integralmente hombre no debe ocuparse de la política, sino preocuparse de la moral” (24) y en cambio, alrededor, sodomizan su moral, la ponen a prueba, le demuestran que en este caso el fin sí justifica los medios. Incluso si se trata de un fin cristiano, el cristianismo puede –en el cómic– quebrantar sus propias leyes.

Pasadas algunas páginas, el profesor deja de enseñar a la alumna para convertirse en el discípulo, el aprendiz de esa nueva catequesis. Es entonces cuando el posicionamiento de Mangel, autoridad en el área de filosofía de la Universidad de la Sorbona, resulta inservible para su nueva sociedad. Al final de la primera parte, conoceremos con mejor detalle el desdoblamiento de la personalidad de Mangel, fruto del estrés y el proceso introspectivo al que le llevan sus contradicciones. Estas contradicciones son otra de las estrategias por medio de las cuales Jodorowsky destapa la hipocresía del ser humano. Cuando el personaje va recuperando cierta visión ontológica de la verdad (Heideggeriana) usa la frase: “¡Ya iba siendo hora de que un día diera la razón a la vida!” (59) La moral androcéntrica, algo desplazada, dará paso a los instintos y estos, poco a poco, a la armonía con la naturaleza y la verdad encarnadas en figuras femeninas. Elisabeth le dice, “No conviene confundir demencia y santidad. Mi caso es mucho mas complejo de lo que te imaginas. Escúchame, pero no con el cerebro… ¡Con el corazón!” (65)

Sin embargo, el escepticismo aún invade la conciencia de Mangel quien se enfrenta a una interpretación mística de la existencia basada en el texto bíblico y la exageración de las consignas sexuales y la procreación como episodio astral. Gracias a esta excusa, el comic al completo reblandece la idea filosófica a favor del entretenimiento. Sin olvidar que la historia se enmarca y codifica para el cómic, hito de la cultura popular, los tres ingredientes imprescindibles, acción, sexo y fantasía, se mantienen sagrados.

En el segundo episodio nos sumergimos cada vez mas en una huida al mas puro estilo western y es que la trampa de lo irracional –como se titula–  aleja cada vez más a Mangel de ese mundo al que pertenecía. Lo repudia, como él dice, porque de algún modo lo despreciaba sin darse cuenta. Su sueño: librarse de su identidad.  Claro que esta liberación por otro lado le hace presa de la fantasía que comparte con su nueva familia. Algunos pasajes resultan especialmente cómicos, con Mangel obsesionado por ser realista: el Sancho Panza de estos individuos quijotescos. Cuando se da cuenta de que el dinero va faltando y que no volverá a percibir el sueldo que le privilegió su trabajo en la Universidad, dice:

En fin, podría ofrecer consultas filosóficas por las terrazas de los cafés… sería un tipo de mendicidad con la que conservaría la dignidad… y ¿          quién sabe? A lo mejor nuestra Santísima Virgen María accede a prostituirse… ¿O a lo mejor Mohamed puede ponerse a vender droga otra vez? Claro que ¿de dónde vamos a sacar la mercancía si los narcos van a por nosotros? ¡Ay! ¡Estamos tocados y hundidos! (89)

Entre predicciones bíblicas y transfiguraciones, el dúo Jodorwsky/Moebius nos acerca a un confuso relato en el que se trazan un nuevo destino para los condenados estereotipos construidos a priori por el patriarcado y que el hombre blanco occidental venido de la Academia ensoberbece. Pero el papel de Mangel es mas complejo. Él será la justificación de la pérdida de dominios de la sociedad establecida, la cual, sin convencerse del todo, cada vez se va instalando con mas y mas comodidad en el imperio del milagro, la providencia y la transfiguración. Al grito de, “¡Los tiempos cambian!” (98), el dibujo de Moebius, en cambio, bebe de los iconos ochenteros y el colorido de las pociones de amor y las revistas de “weird fiction”.  Retoma la estética de la ficción cyberpunk y el arte lisérgico de los años 70. En concreto de artistas como Justin Mays, Alex Grey o los cuerpos astrales de Mati Klarwein –quien también se dedicó a empoderar la sexualidad femenina y la soberanía del hermafroditismo como poder oculto en la energía del mundo. En general, los dominados se resisten contra la imposición simbólica del patriarcado.  Mujeres de todas las edades, vagabundos, inmigrantes y criminales; todos ellos participan de la santa revolución.

Doble página del cómic

En la última parte de la trilogía: “El Loco de la Sorbona”, Jodorowsky consigue desmitificar, por fin, la figura masculina de esa denostada construcción social para transformarle, al borde de la destrucción, la vida y la muerte, en el profeta Zacarías. Este personaje bíblico originalmente tiene la misión de dar un aviso a la generación presente. Es el oráculo de un pensamiento mas ligero que reposa sobre la humanidad al completo. Quizá por eso el pasaje místico es, en el último episodio, una penetración en la hondura de una finalidad sin fin: un espacio en el que conviven todas las identidades, en el que tienen sentido las uniones entre contrarios y el sentido de las cosas colapsa ante el poder de la imaginación.

Sin embargo, la conclusión final quizá sea algo aterradora: puede ser que la moral sea como esa goma que se estira y estira para deformarse y transformarse, pero una vez la soltamos, vuelve a tomar su forma original.


[1] BOURDIEU, Pierre. La Dominación Masculina, Barcelona: Anagrama, 2000.

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