Cómic y Novela Gráfica

Este es otro cuento :: El Cantar de Aglaé de Anne Simon


Portada de la edición en castellano de “El Cantar de Aglaé”

Las canciones pop se han convertido en otra manera de narrar historias nutriéndose de la tradición de la literatura oral. Igual que los cuentos, algunas canciones nos transportan a lugares, hablan de sitios y experiencias que rellenamos con nuestra imaginación. No es sorprendente que el punto de partida de este viaje al mundo de Maryléne sea una canción de la banda Inglesa The Beatles, “Being for the Benefit of Mr Kite”. Los dos textos coinciden, tal y como indica la autora al comienzo, sobretodo en detalles y personajes, aunque Anne Simon cambia, con mucho, el cuento, puesto que aquí no es Mr Kite quien retará al mundo, sino su esposa la ninfa oceánida Aglaé.

Portada alternativa del album de The Beatles “Sgt. Pepper Lonely Hearts Band”

La gracia de trasladar una canción a un cómic es algo bastante común en el octavo arte. Parece que la música pase a convertirse en su homólogo gráfico con cierta facilidad. Los autores, acostumbrados a verlo todo desde el prisma del lenguaje secuencial, nos brindan la oportunidad de prolongar y degustar las fugaces notas de un tema musical. Prolifera en experimentos gráficos y fanzines, pero ha llegado hasta la industria del cómic, ya que sellos como The Comics Alliance han introducido referencias tomadas de canciones populares desde siempre. Recuerdo el correlato que recupera la famosa canción de Kurt Vile y Bertolt Brecht “Pirate Jenny” o “The Black Freighter” sacada de The Three Penny Opera –un musical estrenado en 1928– para introducirlo dentro del glorioso Watchmen de Alan Moore y Dave Gibbons (2008). El chico que lee junto al quiosco nos invita a un relato dentro de otro relato tomando directamente su inspiración de esa canción que ya interpretó la irremplazable Nina Simone. En El Cantar de Aglaé (Ediciones La Cúpula, 2018), como en toda la obra de Anna Simon –cuyo apellido la relaciona accidentalmente con la ecléctica cantante de Carolina del Norte, U. S–, es común encontrarse con páginas llenas de “notas al pie de página” o “cameos” de sus influencias.

Página de muestra de “El Cantar de Aglaé”

El Cantar de Aglaé ( Ediciones La Cúpula, 2018) también recupera la psicodelia, el estilo gráfico de los cuentos tradicionales, el circo y las identidades monstruosas que aprendemos de películas como Freaks de Tod Browning (1932). Sin duda destaca su compromiso por devolver algunos significados perdidos en los cuentos tradicionales. Digamos que Aglaé es la reina Oceánida que se necesitaba. La inversión de poderes le proporciona un protagonismo soberano en base al cual sortea las dificultades y dirige su propio destino. Con la destrucción de las expectativas narrativas y la negación del destino procurado a las hembras en los cuentos fantásticos, Aglaé lleva el egoísmo a la categoría de insumisión y rebelión contra el cuenta cuentos. Aquel solía decidir lo justo, lo propicio en el aparato ideológico de las narraciones tradicionales, aquí cuestionadas. Si bien este tipo de cuentos tenían un propósito educativo, moraleja incluida, también contaban con un discreto papel destinado a las féminas, resaltando en su mayoría las figuras de los héroes y antihéroes de sexo masculino e imponiendo expectativas en torno a la hombría –igual de improductivas.

En el cómic de Simon las mejores gestas son las que tienen que ver con la toma ilegítima del poder por parte de la criatura oceánida antes presa de una realidad hiperbólica en la que tiene que armarse de valor para abandonar el cliché.

Otras criaturas del género fantástico parecen no tomarse la vida demasiado en serio, como aconsejaba Oscar Wilde, pero aquí el orden de sucesos nos pone en jaque y la reina se mueve por el tablero tan libremente, de forma tan autónoma, que a veces tememos equivocarnos. No hay que protegerla. Esta reina no exige protección ¡cuidado!, lo que exige es simpatía, como la exigiría cualquiera de sus personajes. Más aún cuando sus debilidades les hacen presa del destino.

Ese encontronazo que produce leer género fantástico y sin embargo recibir la herencia de las historias de mujeres amas de casa y madres a la fuerza hace que el cuento recupere las riendas del absurdo propio de otros mundos maravillosos llenos de humor e imágenes oníricas y, por un momento, pierda su calidez gráfica para invitarnos a reconocer la base de la libertad que nos corresponde como individuos únicos que somos.

Viñetas de “El Cantar de Aglaé”

Anne Simon fue reconocida en 2004 como mejor nuevo talento del cómic en el Festival de Angulema, la ciudad donde realizó sus estudios de Bellas Artes. Ya desde su primer cómic tomó una postura feminista recuperando la figura de Perséfone (en Perséphone aux Enfers, 2006) y devolviéndola a un mundo más accesible que, al fin y al cabo, forma parte de su particular manera de afrontar estos temas desde el lenguaje creativo. Ese lenguaje creativo también se intuía en su colaboración con la autora psicoanalista Corinne Maier, con quien publicó viñetas sobre los grandes pensadores de principios del siglo XX: Freud, Einstein y Karl Marx, pero es más representativo en la trilogía que tiene lugar en el estado de Maryléne, a la que también pertenece El Cantar de Aglaé . El resto de títulos aún están pendientes de publicarse en castellano y en la versión francesa se titulan Cixtite Impératrice (2014) y Boris, l’Enfant Patate (2018). Con la promesa de estos nuevos títulos podemos descansar tranquilos a sabiendas que recuperaremos la mistificación circense de Anne Simon.

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