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Ocaso Monstruoso con Emil Ferris en el Espacio Fundación Telefónica


Cartel del evento en Fundación Telefónica de Madrid

La autora de Lo que mas me gusta son los monstruos (Reservoir Books 2018), cómic del año 2018, Emil Ferris, de Chicago, nos visita para conversar sobre uno de los mejores cómics de la última década y sin duda un hito en la transformación del género y el papel de las autoras en el sector.

Encontrarse en el ocaso del día es muy poético, no da terror y hace que todo suceda con una magia que ignoramos en momentos más insulsos y cotidianos. Mil Ferris se puso a mi vista al ocaso de una jornada de ocupaciones, como llegó su libro pocos meses antes, con el atroz desvarío de que debía leerlo por lo menos dos veces antes de hacer una reseña para una revista universitaria que solicitaba mi colaboración. Ni las ocupaciones ni los deberes del primer mundo consiguieron distraerme de la profunda agitación que supuso el descubrimiento de Lo que mas me gustan son los monstruos, ni de las palabras y serenidad que sentí frente a aquella extraña mujer de pelo voluminoso y expresivas cejas negras. Creo que así podría haberse sentido también la despreocupada joven de casi 23 años que era yo al ver aparecer ante mi al misterioso y queer Robert Smith con quien soñé cosas violentamente eróticas muchas veces. Y es que ambos guardan monstruosas similitudes y un poquito de ese misticismo que el artista lleva por mochila. Por aquel entonces también empezaba la primavera a derrochar viento fresco sobre el reclinado sol-lámpara que nos calentaba el cuerpo ya a penas cubierto con una chaquetita. Disfrutaba de mis meses de Erasmus en Francia y acudí a la segunda capital gala mas grande, Marsella, para ver en concierto a The Cure, el grupo post punk alternativo más grande de los ochenta y noventa. Bueno, pues igual de alucinada estaba entonces, con un número despreciable de preocupaciones, que el pasado miércoles a las 19.00 horas, con los invitados a la recepción de esta carismática autora norteamericana en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid.

“Sin duda Goya entendía que los monstruos y las personas somos una misma cosa”

El encuentro sucedía apacible y cálido: los asientos de madera, la iluminación violácea, la suave voz de la entrevistadora y moderadora Elisa McCausland, el semicírculo o aquelarre en el que los asistentes nos distribuimos: personalidades y familiares importantes al frente como en un bautizo; hicieron del encuentro algo parecido a una de esas infusiones u olores de champú cuya fórmula promete devolverle a uno la serenidad y la calma. Los monstruos aparecerían en seguida, pero sin revuelo. Las manipulaciones del sector editorial y la traducción le dieron un aspecto de cuaderno de apuntes al cuaderno de apuntes original, a la ficción original titulada My Favourite Thing is Monsters (2017 Fantagraphics Books), y allí estaban los volúmenes, tumbados o inclinados sobre un pedestal de ejemplares para que ninguno olvidáramos que el libro podía comprarse, de nuevo, a la salida o entrada del evento.

Las dos tertulianas Elisa McCausland y Emil Ferris (de izquierda a derecha)

A mi lado se sentó la community manager de la Fundación o de alguna publicación relacionada, con su portátil sobre las piernas inclinado lo suficiente para hacer malabarismos al tiempo que tecleaba las letras y se movía en cinco ventanas diferentes simultáneamente. Yo había olvidado papel y boli, mi recurso de periodista de campo, de reportera escorada que aparece de tarde en tarde por aquellos hitos que tienen lugar en la capital; así que tomé mi móvil y pensé que, relajadamente –pues no quería perderme ningún detalle–, podría apuntar alguna que otra cosilla que diera crédito y entidad a este texto, por otro lado imposible de etiquetar como serio o académico en sentido alguno.

Caminar te permite encontrarte con el gato del vecino

Y lo primero y más importante que hizo Elisa nada más empezar la charla, que puede verse en video “streaming”, pero sin la cordialidad de quien subscribe, fue preguntarle por el personaje de Karen Reyes, esa protagonista quijotesca que vive entre mundos y que demuestra más cordura y sensibilidad que el individuo medio. Ella desea, porque es una adolescente y le resulta más fácil identificarse con los inadaptados, convertirse en un monstruo detective que a Emil Ferris le recuerda a Humphrey Bogart y recorrer la ciudad de Chicago en busca de pistas sobre la gente que ve a diario y que también viven sus propias ficciones y ocultan dentro de sí, como todos, sus propios monstruos. Karen observa, escucha y camina. Camina mucho, porque a la gente que le gustan las historias, también le gusta caminar, dice Emil Ferris. “Caminar te ayuda a encontrarte con el gato del vecino. (…) Tenéis una ciudad para caminar aquí en Madrid y por eso la encuentro maravillosa”. Caminando puedes analizar el entorno en el que vives y hasta salirte del sistema para observarlo minuciosamente hasta aprender a convivir y entender al monstruo que vive en cada uno de nosotros. Esos que forman parte de los elementos mágicos que no pueden sernos ajenos, porque gracias a estos y a las ficciones que creamos a nuestro alrededor, sobrevivimos y ponemos nuestras vidas en contexto, explicaba Emil Ferris.

Emil Ferris

El papel que juega la ficción no deja de sonar en las preguntas y las respuestas de las tertulianas. Sin duda no paran de crearse nuevas ficciones dentro del cómic, en las personas y en el arte que encuentran a base de explorar los museos de las ciudades. La pintura, los cuadros, inspiran un sentimiento especial en la autora que está patente en las páginas del libro. Según ella, los cuadros nos cuentan breves historias, son dinámicos y están en movimiento. Emil se regodea en el poder nutritivo y curativo del arte. En realidad habla de la experiencia estética, pues reconoce quedarse extasiada frente a las insondables obras del maestro Goya, a quien su padre también admiraba. “Sin duda Goya entendía que los monstruos y las personas somos una misma cosa”. Por eso la función de los artistas y el arte es tan importante. Ferris aconseja a los nuevos creadores que no se engañen, sin embargo, porque hay que trabajar muy duro y aceptar a priori que puede que nuestra obra no se conozca nunca. A ella le tomó años la elaboración de este cómic y mucho empeño diario.

A sabiendas que existe algo llamado “arte” y la capacidad del ser humano de crearlo y disfrutarlo, la autora renunció a creerse la versión maldita del papel del ser humano en el planeta. Apeló a los gnósticos diciendo que el mundo nos necesita, que nos quiere dentro de él. Nos llamó la nación mágica e hizo un curioso análisis lexicográfico de la palabra “imagination” separándola en los lexemas I MAGIC NATION –lema que podría resumir toda la charla.

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