Cómic y Novela Gráfica

La política del amor :: “En un Rayo de Sol: Segunda Parte” de Tillie Walden


Portada de “En un Rayo de Sol: Segunda Parte”

Hace poco leía en la novela “Crematorio” de Rafael Chirbes que el miedo es la visión del futuro y que “nadie más piensa en el futuro, sólo el hombre, calcular su futuro, el animal no calcula el futuro y el futuro es la raíz de todo sufrimiento” (2007:74-5) Por si no os habíais dado cuenta, en medio de la recurrente palabra “futuro”, el escritor especifica que este es el procurador del sentimiento de miedo en el hombre. Sin embargo –cosas del lenguaje, y por lo tanto de la realidad derivada de esta escogida frase– no lo es de la mujer o, podría decirse, que la mujer no tiene por qué sentir miedo cuando piensa en el futuro. Que, de hecho, piensa en el futuro como piensa en el amor, en amarse y que ese amarse tenga una respuesta en el orden del mundo y las sociedades que lo constituyen. Tillie Walden ha devorado el miedo de sus protagonistas y lectores en una aventura que culmina con toda la acción y aventuras que había introducido en la primera parte.

Detalle de “En un Rayo de Sol: Segunda Parte”

El ingrediente secreto de la receta ha sido el suspense, la preparación. Con largas salas de espera en las que se nos contaba los conflictos del pasado, la soledad de Mia, el silencio de Elliot, los problemas en la escuela, etc; Walden consigue que el magma asome en esta nueva entrega, desde el momento en que deciden iniciar la misión a Escalinata. Una misión en la que el acuerdo de todas, la empatía y sororidad entre compañeras juega el papel mas importante, si bien es cierto que, tras la primera parte, sabemos con certeza que todas se inclinan hacia la aventura y la búsqueda del riesgo como terapia de grupo. También están convencidas de que el amor es siempre una buena excusa para darlo todo, tomar otro rumbo, atracar en otro puerto, comenzar una nueva vida y pasar por los peligros que vengan con tal de restituir nuestro mundo. A veces, eso sí, no es suficiente con saber cómo queremos que sea nuestra vida y en el camino, esta idea se choca contra las direcciones que toma la de los otros. Nos subimos a la nave, nos quedamos en tierra, son decisiones que tomar llegados al punto en el que se encuentran Mia, las Hill, Elliot (Ell), Alma y Grace, y son decisivas.

Página de “En un Rayo de Sol: Segunda Parte”

Ahora hablemos del peso simbólico de toda esta atracción sci fi y del inventivo e ¿intencionado? mundo que construye la autora. Si bien ya introduje algunas ideas en la reseña de la primera parte (algunas influencias y su potente estética) ahora ahondo en el régimen social o político del amor, un abordaje del futuro que reescribe el orden social, empezando por las familias. Un futuro en el que el eslabón, el personaje de Elliot, pone el acento sobre una sociedad en la que –con suerte– no habrá discriminación referida al género o sexualidad de los individuos que la componen. Es el eslabón porque comprende un pasado y un futuro en el modo de actuar humano. Del aislamiento a la comunidad, al equipo, eso sí, sin sucumbir a las etiquetas que vivir en comunidad inmediatamente le coloca. Elliot se hace llamar Ell para evitar la definición de género y sus restricciones. Es el primer personaje de género neutro que leo en una novela.

Las regiones que componen el espacio en la novela gráfica están separadas entre sí, reflejo del individualismo. Son como islas en el aire, átomos de un mundo que parece que haya explotado de nuevo, pues no se trata de planetas dentro de una misma galaxia. La distancia que se recorre entre estos pedazos de tierra habitada a veces es insondable, y puede suponer el aislamiento para siempre. Sabemos, a partir de la historia de la humanidad, que el individualismo permitió a las sociedades hacerse conscientes de la lucha de cada persona dentro del entramado social, aportándoles un humanismo algo primitivo durante la Ilustración y los regímenes totalitarios. Es algo semejante a lo que plantea Walden en la primera parte cuando habla de cómo se constituyeron comunidades alejadas las unas de las otras, a veces formadas por una o dos familias como máximo. En la actualidad el individualismo, sin poner kilómetros de por medio, se ha convertido en un régimen social, político y económico que atomiza y repliega sobre sí mismos a los miembros de una sociedad para hacerlos ignorantes y proclives al solipsismo. Por tanto, sigue siendo indiscutiblemente difícil tolerar determinadas cosas en sociedades a la cabeza del progreso capitalista. Están demasiado centradas en colocarnos a todos en el mismo objetivo y se resisten a ver las diferencias y las alternativas. Es algo paradójico que el individualismo surgiera, entre otras cosas, para hacer consciente a la sociedad de la riqueza individual y, por lo tanto exonerar las reglas y leyes que la constituían, para que de la noche a la mañana –o unos cuantos siglos después– se convierta en el enemigo de la diversidad y la tolerancia. Esto puede deberse a que las costumbres se han llevado al polo opuesto, tan lejos como Escalinata, donde los pocos que viven sospechan y rehuyen visitas del exterior.

También están convencidas de que el amor es siempre una buena excusa para darlo todo, tomar otro rumbo, atracar en otro puerto, comenzar una nueva vida y pasar por los peligros que vengan con tal de restituir nuestro mundo.

Es fácil ver ejemplos de esta tendencia en la sociedad moderna. En la década de los 50 en Norteamérica la policía perseguía a los homosexuales hasta el punto que en la ciudad de San Francisco, por ejemplo, se desarrolló un programa de expulsión de los Queer. El año 1981 es conocido como el año de las redadas en las saunas de Toronto. Los encuentros entre homosexuales en la sauna surgían como alternativa al terror de ser descubiertos en otros lugares. Aquello demostraba que el acto de ocultarse y ocultarse de ocultarse puede llegar hasta el subsuelo, el infierno de los expulsados sociales en este y el pasado siglo. Porque hace pocas semanas, en un autobús de Londres, dos lesbianas eran atacadas por un grupo de personas que las forzaron a hacer de su sexualidad un espectáculo bufonesco y patético. También en Escalinata, el reino más alejado de la galaxia, las protagonistas tienen que penetrar en las ciudades subterráneas que han construido para protegerse del ataque de otros, de los inviernos, etc. La ciudadanía canadiense ya lo sabe; Tillie Walden, original de California, quizá no lo sepa, pero tienen que observar los efectos del clima y otros agentes externos para protegerse de estos. Pues bien, el simbólico efecto de las adversidades climatológicas esconde la verdad sobre los extremos del individualismo en la sociedad occidental y por lo tanto la ficción plantea desde la raíz –pues siempre tiene algo distópico que nos enseña los errores del mundo real– una política del amor en la que se promueva el sinergismo y el holismo: es decir, comprender el todo, para ayudar a entender las partes que lo componen. Precisamente me gusta usar la palabra “política” porque esta ha sido, hasta ahora, la palabra que mas ha interferido en el interés de la libertad y tolerancia entre géneros y sexualidad. Creo que la misión de la nave que pilotan nuestras heroínas, no desea que haya más mayorías y minorías que se desmiembran en etiquetas complejas y separatistas.

Leyéndose así, tengo que ponerle un “pero” a la canción de Alex Cameron que dice que no hay política del amor y también a ese supuesto miedo que se basa en mirar al futuro. Sí, existe una política del amor y es el futuro menos temible. Tillie Walden da algunas pistas y mi lectura quiere terminar afirmando que en nuestras vidas el amor debería constituir un ministerio si con ello se logran mayores libertades, una actitud natural con la sexualidad y tolerancia respecto al millar de modos que tenemos de hacer y/o de ver el mundo.

Viñeta de “En un Rayo de Sol” de Tillie Walden

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