Cómic y Novela Gráfica

En privado :: “Porn Story” de Ralf König


Portada de “Porn Story” de Ralf König

Ralf König ha dedicado toda su obra al sexo. Menos mal que alguien lo ha situado en el centro del conflicto, como al amor, porque es una pulsión a la que a veces no se guarda el suficiente respeto. El sexo es caprichoso, irresponsable y visceral y para amurallar su incontrolable amplitud y efectos sobre nuestra vida, se etiqueta y divide en categorías. Esto último forma parte de nuestra costumbre de estandarizarnos –para comprendernos a unos, para marginar a otros– en diferentes ámbitos de la realidad social. Lo hacemos con el culto, condición física, el origen, el género, el estatus económico, la educación o la ropa que vestimos. También lo hacemos con el sexo, claro. Tribus, comunidades y colectivos ratifican que la epistemología lo ha dominado todo. Las siglas LGBTTTIQA, que cada vez crecen mas, barren y agrupan en montoncitos distantes a los miembros de cada grupo, pero a título individual no sabemos muy bien qué hacemos allí. A cada grupo de personas les corresponde una vivencia del sexo distinta y por supuesto en el cómic de König, de manera lacónica, se evidencian las consecuencias que trae este afán organizativo y pusilánime de las cosas del sexo y la pornografía, elemento del que hablaré a continuación. “¡¡Lo importante es que entiendas que lo que has visto no tiene nada que ver con la realidad!!” (101) De hecho, König le saca mucho partido a ese síndrome de desconexión social que se produce en la sociedad moderna cuando descubrimos que no podemos controlar emociones e impulsos a la manera en que nos habían advertido. No nos equivocamos pensando que tal vez todo aquello era un engaño y lo sabemos porque a veces hacemos otras cosas en privado.

Algunos opinan que el hombre, un hombre heterosexual, cuando piensa en sexo piensa en aplacarlo como deseo carnal y primitivo que es; es más, tiene derecho a ello. El reduccionismo al que nos vemos abocados dice que la mujer, por el contrario, hace lo posible para decorar el sexo de pasión y romanticismo, al tiempo que trata de no abandonar los supuestos de la honorabilidad que le exigen. En realidad la clave la tiene Kate Millet, quien sostiene que la diferencia entre los sexos, sea la que sea, no tiene importancia (Sexual Politics, 1969). El sexo, y ese, opino, es el mensaje permanente en König, no puede ser categórico ni estándar. Quizá porque el sexo es la última expresión de la voluntad humana, por eso una violación es un asunto tan terrible. ¿No es verdad que cada vez que creemos poner categorías nos condenamos a incumplir los requisitos? Y ¿qué nos atormenta? ¿Por qué nos escandalizamos? Sin duda la segunda ola de feministas entendía que es de locos pretender dar la talla. La psicóloga Phyllis Chesler (en su último libro, A Politically Incorrect Feminist: Creating movement with Bitches, Lunatics, Dykes, Prodigies, Warriors and Wonder Woman (2018) nos aconseja ser críticas con lo que se vende como “verdad” y esto es precisamente una de las ventajas de los retratos psicológicos que propone el autor alemán en sus cómics quien ha mencionado a la autora francesa Claire Bretécher como una de sus grandes influencias.

La reedición de Porn Story (Ediciones La Cúpula, 2019), me obliga a hablar del largo affair que el autor de El Hombre Nuevo (1991) y El Condón Asesino (1997) ha mantenido siempre con el porno y los hombres, con la intención de que estos últimos –en exclusiva, al menos en el contexto público– puedan aplacar esos institutos que, por otro lado, todos y todas resistimos en la vida ordinaria. En este caso, Eberhard Schlüter es la criatura pornográfica por excelencia y Sophia es la esposa recatada e ilusa que educaron alejada de los vicios típicos “de hombres”. Eberhard es un Quijote que en lugar de ensimismarse con la simbología caballeresca, se obsesiona por las relaciones sexuales dramatizadas en la industria del porno. Su obsesión le lleva incluso, en un momento de su juventud, a participar en una de ellas en compañía de un amigo íntimo. La única prueba de la ingenuidad de Eberhard y su estúpida incursión en el porno es ese VHS que el mentecato revisa en privado y que con el paso del tiempo le costará un conflicto con su pareja.

La pornografía –rincón del sexo privado por excelencia– es el hueso central del libro y uno debe entender sus leyes si no quiere hincarle el diente y hacerse daño. Es decir, que las pelis porno surgen para evitar que se subleven esos instintos que Freud describe en compañía de la agresividad. Huy! por si acaso produzcamos un montón de películas prohibidas donde envasar el sexo como un producto de consumo dirigido al aletargado practicante que no puede confesar sus deseos secretos. La pornografía sirve tanto para amasar la violencia de los instintos, como para reproducir conductas subversivas. Visto así, la pornografía, que actúa gracias a las hormonas espejo –tal y como dicen en el texto– también podría ser la forma más coqueta de poligamia íntima. Esconde, sin duda, un callado deseo de ver a otros disfrutar, de tener sexo con otros o de pensar en otros antes del clímax. Miguel A. López incluye una cita de Elena Tejada-Herrera en su estudio Ficciones Disidentes en la Tierra de la Misoginia (2019) que dice así: “cuando me masturbo soy hermafrodita”. El porno es la industria tabú del cine, pero, en cambio, nadie desaprueba el amor enlatado y melodramático que vende Hollywood con sus comedias románticas –otra dosis de edulcorante que exonera a la vida de ser muy poco feliz o una puta. No es porque se trate de amor romántico, ni pasional, es que es un amor de fórmula de limpieza, químico y que por químico, se evapora.

Aunque los cómics de König pertenecen a la categoría queer, en realidad el autor se entromete con sus sátiras en otros colectivos y por supuesto, el feminismo esta presente, seguramente porque el autor alemán reconozca la importancia de estos para inhabilitar conductas mecánicas. Como dice el ya mencionado estudio de Miguel A. López, “los feminismos nos demandan pensar en nuestras posiciones de género, raza y clase social, así como privilegios que estas adquieren al interior de la lógica patriarcal capitalista en la cual todes convivimos”. No importa desde qué orientación, el tema de la sexualidad, aunque del régimen de la intimidad, se ve inevitablemente involucrado en ese contrato social que la sociedad ha construido para todos. Los personajes de König, hombres y mujeres de raza blanca y occidentales, resaltan el patetismo de la vida moderna en la que el diálogo filosófico se ha sustituido por un conflicto de opiniones y perspectivas basadas en los límites que sus géneros y colectivos les imponen. Para ello, los personajes tipo se suceden, se exageran y problematizan. En tono risible, los personajes son conscientes de su encarcelamiento y coquetean con la idea de salir de esa cárcel a través del sexo: las pelis porno, las relaciones con gente de su mismo sexo, la masturbación, etc.

Página del cómic “Porn Story” (König y Mahler)

El mérito de König reside en el modo en que utiliza, una vez más, el esquema de la comedia de sexos, ligera y poco sustancial la mayoría de las veces, para exagerar aún mas las confusiones a que se ven arrastrados estas miniaturas de la sociedad contemporánea. Uno de los modos en que aborda esta estructura, basada principalmente en el diálogo, es con el téte a téte: Conversaciones de tú a tú que tienen lugar en la intimidad de un sofá y en las que se resuelven algunos de los principales conflictos de la narración. Otro gran mérito de Porn Story es que la marca König invita al maestro Mahler para deleitarnos con sus sugerentes intrusiones que, como no, recuperan el fetichismo narigudo al que nos tiene acostumbrados. Ambos profundizan en esas “no verdades” y en la malsana manipulación de los vigentes “dime con quién te acuestas y te diré cómo eres” que marginan prácticas e individuos por no ser de “utilidad social”, como afirmaba un militante de la ultraderecha. Este comentario leído hace pocos días en las noticias me trae a la mente el epitafio de un poema de David Tomas Martínez, “The Mechanics of Men” que seguro que le gustará a Ralf König y a sus lectores. Incluyo un fragmento a continuación, aunque el poema puede leerse en su idioma original al completo en Poetry Foundation.

Neither of us is the most

mechanical of men, yet we still pride ourselves on how we fashion our tools.
              I wake up shivering and crying in an empty bed,
the afternoon light entering and leaving an empty bottle of wine near

an emptier glass—or roll over and try, and fail, to remember a woman’s
                name, which never really gets old, just uncouth
to say so, and feel fixed. To feel fixed is to feel a mechanical spirit, to feel love,

or at least to play at paste for an evening, to make believe she will never leave me,
                as life almost did when I cut the green hose, and was
lonely and shaking that day on the deck of the destroyer, looking into the

green water, and wondered what would be written on my tomb:
               “Killed by oxygen was this unmechanical man.”

(Tomas Martinez, D. “The Mechanics of Men” from Hustle Sarabande Books: Kentucky, U.S. 2014)

Traducción de la Autora: Ninguno de nosotros es el mas mecánico de los hombres, pero aún así nos enorgullecemos de cómo manejamos nuestras herramientas. Me desperté temblando y lloriqueando en una cama vacía, la luz de la tarde entraba y dejaba una botella de vino cerca de un vaso de cristal aún mas vacío –o darse la vuelta e intentarlo, y fracasar, en recordar el nombre de una mujer que nunca envejece realmente, sólo insolente, por decirlo de algún modo y sentirse imperturbable. Sentirse imperturbable significa percibir tu espíritu mecánico, sentir amor, o al menos, fingir durante una noche, hacerle creer que ella nunca nos abandonará, tal y como pudo hacerlo la vida cuando corté la manguera verde y estaba solo y tiritando aquel día sobre la cubierta del destructor, examinando el interior del agua verde y me pregunté qué escribiría sobre mi tumba: “Muerto ha resultado a causa del oxígeno este hombre des-mecanizado.”

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