Cómic y Novela Gráfica

«Soy un avance» :: “Laura Dean me ha vuelto a dejar” de Mariko Tamaki y Rosemary Valero-O’Connell


Portada de Laura Dean me ha vuelto a dejar

“Soy un avance penoso” (35-36) dice Frederica Riley, la protagonista del cómic Laura me ha vuelto a dejar (La Cúpula, 2019) escrito por Mariko Tamaki (“Skim” (2008) o”Aquel Verano” (2014) –que, por cierto, fue una de las primeras reseñas de este portal) y dibujado por Rosemary Valero-O’Connell. La primera, autora canadiense de origen japonés, es experta en llevarnos a lugares familiares en los que siempre somos jóvenes y siempre suspiramos por alguien, a sabiendas de la vulnerabilidad que persiste al tema del amor, incluso cuando te crees lo suficiente libre para vivirlo. En sus juegos amorosos son recurrentes las alusiones a la amistad y la naturalidad de las sexualidades divergentes, así como el diálogo interno. En este caso, Frederica (Freddy) le escribe a la autora de un blog de relaciones amorosas para consultarle qué debe hacer respecto a Laura Dean. Es decir, Tamaki expone la comunicación 2.0 como motor de los sentimientos y las reflexiones personales. Lo curioso es que Frederica le escribe a un blog en el que, hasta ahora, como en nuestra sociedad hace diez años, no tienen espacio relaciones distintas de las heteronormativas. Ella le escribe porque está enamorada de Laura Dean, demasiado popular y deshinibida.

Viñeta de Laura Dean me ha vuelto a dejar

Al comienzo de este texto reproducía las palabras más inspiradoras de este cómic. Se trata de ese momento en el que Frederica relativiza su situación para brindarnos un dilema inigualable.

Por supuesto que sé que ahí fuera hay activistas LGTBQIA que llevan siglos luchando para que ahora yo tenga derecho a estar así de jodida. (…) Ya sé que debería estar agradecida por tener la posibilidad de que me dejen y humillen públicamente igual que a mis amigos hetero.

Soy un avance.

(Tamaki y Valero-O’Connell, Laura Dean me ha vuelto a dejar, La Cúpula Cómics: Barcelona, 2019, p. 34-6)

Este momento del cómic se alude a la genealogía, ese término que tiene que ver con la ascendencia de un concepto, colectivo o individuo. Por supuesto, la genealogía es importante. Hay que conocer qué es lo que nos ha llevado a disfrutar de las libertades actuales. Claro, cuanto más libertad, mayor posibilidad de que suframos a costa de la misma, ya que si se es libre también se es más vulnerable, se ama y se sufre por numerosos motivos. La protagonista sabe que no debería sufrir o ser tan egoísta porque el activismo le haya permitido amar públicamente a otra chica; es decir, que le haya posibilitado amar sin etiquetas. Lo cierto es que eso del activismo poco tiene que ver con la vivencia de las relaciones personales y sin embargo, al culpabilizarse a sí misma, también culpabiliza a todo un movimiento social de su situación individual. Además, entre ella y Laura sí que se interponen las etiquetas. De otro tipo, pero etiquetas al fin y al cabo, porque reconoce que Laura Dean es una de las personas más populares del instituto y por lo tanto, ese detalle predispone a nuestra joven protagonista. No es mi intención continuar con este conflicto sino, ya que estamos, buscar al culpable o culpables de que Freddy se considere a sí misma un “avance penoso”.

Hace poco visitaba Centro Centro Cibeles, el espacio cultural de la comunidad de Madrid donde actualmente se acoge la exposición “Cuerpo Conjugado” sobre las obras y protestas de Miguel Benlloch (1954-2018), ese artista disidente e incorregible venido de la España de los ochenta y del momento de apertura y vanguardismo artístico en materia de performance. Benlloch mantenía que la culpa de todo este cuestionamiento de las relaciones de poder en materia de género la tiene el feminismo, gracias al cual tuvieron lugar allá por los 70, reivindicaciones sociales como la de Stonewall, en la que, por fin, las mujeres lesbianas –que rechazaban las supremacía que el hombre ejerce contra la mujer– se unen con gays, transexuales, travestis, etc; para reivindicar un trato justo y sus derechos.

Página de Laura Dean me ha vuelto a dejar.

Entonces la mujer lesbiana, de la mano del feminismo, encabeza la protesta social y reafirma un universo de identidades múltiples y mutables. Pero, claro, en ese momento aparecen modelos de liberación sexual reñidos con las relaciones sentimentales que pueden producir situaciones como la que le sucede a Frederica, quien es constantemente engañada y engatusada por Laura Dean. Esta última es poliamorosa, engreída y sí, lesbiana, pero con un lenguaje sexual contradictorio, pues se apropia de los estereotipos de poder del joven blanco heterosexual, el “enfant terrible”: rebelde, ligón y poderoso. Su leve disforia de género, relacionada con los procesos de crecimiento y desarrollo, atrae a sus conquistas que acaban por verla como el adalid del género fluido, con un atractivo venido de su multiplicidad.

Si el feminismo es la madre de todas estas consignas sexuales e identitarias, entonces no es de extrañar que aparezcan personajes tan enigmáticos como la Dungeon Master (DM) quien, en la segunda viñeta de la página 61, en una pizarra, se anuncia como “The Seek-her” un juego de palabras para referirse a la buscadora de verdades en torno a la mujer. Ella desafía el mundo de los pronósticos desde una sala de juegos de rol a través de un tablero astrológico, que es otra manera de adentrarse en la multiplicidad de personas que somos de un momento a otro, dependiendo del influjo del universo. Otro símbolo interesante de la adivinación es el hamsa o mano de hamsa que aparece en la página 62. Este amuleto del antiguo oriente medio es protector y se le conoce por la mano de Fátima, una de las hijas del profeta Mahoma. Sus poderes cambian dependiendo de la posición de los dedos. Hacia arriba, como salen en el cómic, significa fuerza, poder y bendición. Precisamente las herramientas que le hacen falta a Fred para solucionar su situación amorosa.

Freddy y Doodle, con quien tiene mayor amistad, juegan a transformar juguetes infantiles en monstruos expresionistas que representan a los inadaptados, ese colectivo que Frederica se niega a reconocer como propio ya que supone una barrera, aunque también sea un buen lugar para refugiarse de la normalidad y ser uno mismo. Al menos los inadaptados se libran de tener que ser tal y como quieren que seas en el instituto, una fuerza difícil de combatir incluso para una lesbiana emancipada como Laura Dean, quien, por otro lado, se encuentra esclavizada en su rol supremacista por culpa del fantasma de la popularidad.

La transformación de los peluches también impide describir los géneros de manera binaria. Miguel Benlloch hablaba de la diversidad de identidades para destruir el binarismo. Como las Drag Kings, al transformar peluches, de algún modo, demuestran lo mucho que les atrae la idea de cambiar la naturaleza de las cosas. Al igual que el escenario para las Drag Kings, el peluche es una performance que satiriza los estereotipos a favor de la fluidez y la variedad de roles. Un Drag King le dice a la revista I-D que “el género es fluido y siento que mi identidad de género cambia constantemente de un día para otro”.

Bebiendo del cómic manga para chicas o el shöjo, Laura Dean ha recuperado la estética del famoso Mi experiencia lesbiana con la soledad (Fandogamia, 2016) de Kabi Nagata, que primero se publicó como un web cómic de éxito mundial. También recupera los toques de Jillian Tamaki y hasta de Tillie Walden, pero con la personalidad y habilidad de Valero O’Connell para hacer que las formas y elementos de la viñeta se fundan entre sí de un modo atractivo y apetitoso.

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