Cómic y Novela Gráfica

Una pirámide de violencia :: “Cómo Traté de Ser una Buena Persona” de Ulli Lust


Portada del cómic de Ulli Lust

Un compañero me decía el otro día que había conocido a lo largo de los años parejas abiertas, pero que todas habían salido mal. Una vez uno se engancha a su aventura, ya nada vuelve a ser lo mismo en la pareja. La historia siempre se cuenta así porque lo más sensato, nos dicen, es permanecer en pareja. Se da por sentado que la permanencia y la estabilidad son valores intrínsecos a esta unión, pero nuestra capacidad de ser fieles es el primer conflicto. Ni siquiera con el peso de la moralidad cayendo sobre nuestras cabezas como el crepúsculo cae sobre el horizonte, porque, no nos engañemos, la naturaleza es caótica y nosotros creemos poder dirigir el taxi desde el asiento de atrás, pero las prohibiciones se suceden, los cambios de dirección y las calles sin salida. Ulli, prota de este cómic, aprovecha el lance de su pareja para intentar completar un triángulo de amor, símbolo del equilibrio y la proporción en el caso del triángulo equilátero, aunque lo que acaba construyendo es una pirámide de violencia como la que describe el sociólogo Galtung y que está en relación directa con la conflicto que el cómic narra.

George y Ulli Lust están bien. Se quieren mucho, pero George sufre un problema que no consigue superar por más que lo intente y ambos acuerdan llevar una relación abierta. Entonces aparece Kimata, un inmigrante Nigeriano y pasional con el que ella comienza una aventura y que acaba reclamando más y más protagonismo en la vida de Ulli hasta perder el control.

El título de este cómic (Cómo Traté de Ser una Buena Persona, La Cúpula 2019) es un buen preámbulo para el relato de un tiempo durante el cual la protagonista trató de consagrar un trío de amor y respeto sin éxito. Como nombraba antes, la figura definitva de esta historia pasional es la pirámide de violencia resultante de las investigaciones de Galtung sobre la violencia que describe las tres formas de violencia que aparecen en las relaciones personales. El científico noruego no solo enumera la violencia directa, la cual es fácil de entender, sino que añade la violencia estructural y la cultural. La estructural quizá sea la más compleja y, a mi parecer, es la que tiene que ver con la incapacidad o las dificultades impuestas sobre la mujer y lo designado sobre su persona. Ella no podrá tomar decisiones drásticas sobre su vida sin ser del todo analizada: la pareja que elige, la carrera, el modo en que se implica en temas sociales, etc. Todo esto supone una presión y una responsabilidad que ella misma se impone tal y como vemos en su empeño por convertirse en mejor persona y actuar de acuerdo con esos valores. En la selva de pasiones y conflictos en la cual se interna el lector se configura la base de esa violencia estructural que tanto a ella como al resto de personajes les será difícil combatir. De hecho, la autoficción, como ya descubría con su éxito Hoy es el Último Día del resto de tu Vida (2011) –también editado por La Cúpula– quizá ayude a romper con esa estructura de lo vetado a algunas protagonistas, a las narradoras.

Al abordar cuestiones de índole sexual complejas propone preguntas muy interesantes, como si se puede ser buena persona y practicar el poliamor.

Viñetas del cómic de Ulli Lust

Kimata no es sólo un amante. Tampoco es sólo un inmigrante Nigeriano en Austria. La situación del joven es la de alguien ansioso por integrarse, pero temeroso de las consecuencias que esto pueda traerle, así como de perder todo por lo que ha luchado. Es entonces cuando aparece el tercer tipo de violencia, la cultural. Se suceden conflictos en los que el nigeriano lucha por cuestionar sus valores culturales a la vez que estos le esclavizan. Al fin y al cabo esta es la exigencia principal de su nueva vida, interpretada como un intento por adiestrar al salvaje que lleva en su identidad y que le ha procurado su particular manera de entender el mundo. Todo en Kimata es demasiado dual, par, cisgénero, como para moldearse a una relación en la que los términos son plurales e intercambiables.

Por otra parte, Ulli representa al personaje capaz de amar y cuidar a los seres amados, sin miedo, sin exigencias, sin obstáculos. Representa ese ideal liberado de complejos que hace su propia ley por convicción respetando hasta tal punto los impulsos de cada cual que los conflictos de los otros se convierten en los suyos. Su generosidad es la de aquel que reconstruye la historia de su pasado y la pone en nuestras manos con una estética menos sucia que en su primer cómic y más preocupada por la forma y el preciosismo de la representación gráfica que domina: sobre todo en las escenas de sexo que recuerdan al uso del cómic como experiencia psicodélica y lisérgica, explotando el poder evocador de este lenguaje.

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