Cómic y Novela Gráfica

Caída Libre :: “Capuccino Commotion” de Rosa Navarro.


Es interesante resumir las idas y venidas de la vida como una montaña rusa. Es interesante que Rosa Navarro sintetizara las peripecias vitales en esa imagen de la portada de su libro: la estetización de la atracción de feria acude al referente cultural americano depurado en una visión pop que nos introduce en las cosmovisiones de la autora en este su segundo título, Capuccino Commotion (Nórdica, 2019). Insisto, es muy interesante porque está en relación con un argumento de la autora y activista feminista Hito Steyerl explicando en Los Condenados de la Pantalla (Caja Negra, 2014) que por fin comenzamos a interpretar y representar el mundo a partir de narrativas vertiginosas, desde arriba o en caída libre. Esto implica el cuestionamiento de la perspectiva lineal a partir del horizonte espacial y su representación visual, lo cual significa también apartar el poder de un lenguaje científico, antropocéntrico y del orden simbólico patriarcal tal y como vino impuesto, entre otros, por las religiones. Si bien Rosa Navarro hace uso del tiempo lineal, es decir que sigue una línea de sucesos ordenados en orden cronológico, en cambio no es tan lineal el modo en que estos sucesos se representan pues la autora rechaza la secuencia formal (viñetas y bocadillos) de la historieta convencional y pasa a usar grandes dibujos replicando elementos de consumo, cartelería y publicidad. La cultura popular y de consumo le sirven para ejemplificar ese paradigma de lo vertiginoso, porque la visión narrativa que promueven estos textos esta basada en una lectura que va de fuera hacia dentro, de lo general a lo local ignorando el horizonte o la linealidad. Por lo tanto, hablamos de una obra que se revela contra lo ordinario para trazar el mapa emocional diverso y queer de la voz narrativa. Gracias a este efecto, el cómic abre el camino a otras perspectivas y nos pregunta por la experiencia particular que hemos vivido cada uno de nosotros a través de los artefactos evocados: discos, libros, viajes, ciudades, etc. Esta alternativa permite descubrir perspectivas olvidadas (Steyerl, 2014), así como comprender cuando la narradora dice al pie de su dibujo, “LA PUTA VIDA. Siempre arriba y abajo… Emoción, miedo, adrenalina, taquicardia, expectación, calma, alivio y vuelta a empezar.”

En una de sus páginas, la autora incluye la vista de un mapa del distrito centro de Madrid a la manera en que se presenta en un portal de búsqueda de pisos online, en otro un mapa de desdoblamiento de la realidad, o un atlas de viajes y recorridos que hace la protagonista. Se multiplican las perspectivas en picado o desde arriba y se juega con la disposición de elementos u objetos sobre un plano a modo de collage visual o perspectiva “Wes Anderson”. Todo esto conforma el paradigma de la verticalidad que, además de cinematográfico, también tiene que ver con la diversificación de la comunicación moderna: los drones, los monitores, la vigilancia, satélites; tal y como explica Hito Steyerl. En este sentido Capuccino Commotion se inscribe dentro de un modelo de representación moderna. En la actualidad somos presos de la pantalla constantemente mirando nuestros dispositivos y posicionándonos desde estos como diosecillos que recrean sus vidas en el plano virtual. De hecho, pueden contarse numerosas pantallas en las páginas del cómic, incluyendo la más importante: el cine, por medio del cual se explica la caída a los infiernos de la protagonista femenina en el filme romántico “Made in USA” de la directora Isable Coixet, allá por el año 1996 con Cosas que Nunca te Dije (o cuando todos y todas queríamos hacer cine indi). La protagonista también aparece en el póster de Vértigo de Alfred Hitchcock o en el mítico álbum de The Clash London Calling poniendo en paralelo la mundanidad con el glamour de todos estos artefactos culturales.

Así pues, la riqueza de perspectivas del libro ayuda a la autora a particularizar una versión del mundo no binaria. Es una auto ficción que se sitúa no tanto fuera del armario como fuera del marco, del esquema lineal –tanto gráfico como textual. Esta perspectiva de la caída libre, tal y como explica Steyerl, tiene el poder de reconocerte como uno de los objetos que te rodean, perdiendo conciencia del ser. Aunque algo arriesgada y materialista, esta proyección del ser mismo en los objetos, ese fetichismo ontológico, es un gran recurso estilístico, desde la llegada de Andy Warhol en la pintura o la de autores como Georges Perec en la Literatura, aún habiéndose ignorado antes, pues las cosas –como el título de la novela Perec– se convierten en signos que ayudan a representar el dolor y las emociones, toda vez que el lenguaje convencional ha fracasado.

Muchas veces, el personaje principal se encoge como si fuera un feto, vuelve a la postura vital en un intento por cobijarse de las amenazas externas. Mientras, los lectores de todas las edades, sobretodo los pertenecientes a la generación de la autora, ese limbo de jóvenes que nos encontrábamos entre lo sonado de la generación X y los posteriores millenials, percibimos en este relato vivencial un modo de ahogar las penas de haber sido demasiado discretos.

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