Cómic y Novela Gráfica

Hacia mundos más ‘darks’ :: “Devastación” de Julia Gfrörer


25 Y todo aquel que lucha, en todo demuestra templanza; y ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible; mas nosotros, una incorruptible.

1 Corintios 9:25
Portada del cómic

Parece fácil escribir sobre cómics, encontrar las palabras, trazar algunas pistas superficiales para interesar al lector e invitarle a leerlo, que lo elija entre un mar de posibilidades; pero no lo es. Como todos los libros, el cómic parte de un principio y este no es la primera página. Primero proporciona ilusiones y antes que nada, el lector lo toca. Lo mira por encima antes de mirarlo por dentro y uno, mientras lo lee, debe guardar la sensación que le produjo el objeto para poder disfrutar plenamente hasta el final. El tamaño, el papel, los colores, el peso, son cosas que nos hacen partícipes de un ritual cercano a lo erótico y muy difícil de describirse. De eso sabe mucho, o al menos debe saberlo, la editora de libros, que, en ocasiones, resulta ser también su autora. En la nueva era de la auto publicación como práctica artística, los autores y autoras nos presentan el “todo” de sus propuestas. Un producto artesanal que, en caso de editarse, debe preservar su esencia.

Páginas de la versión en Inglés

Además de editar sus propios fanzines, en venta en etsy y Patreon, Julia Gförer ha publicado sus trabajos más largos en el sello Fantagraphics. Ahora tiene otros dos títulos mas en la editorial americana y se estrena en castellano de la mano de Alpha Decay, quienes dan comienzo a una sugerente incursión del sello en el mundo del cómic. Alpha Cómic, como se llama la colección, nace con un talismán de buenaventura, a juzgar por el talento de su creadora, la americana Julia Gfrörer. Eso sí, se trata de una historia ruda y cruel que anticipa a los que no la conocen algunas de las obsesiones de su obra, como son la enfermedad, la violencia del pasado, la muerte y el amor. El amor está plasmado como en una película de Bergman: no acaba de definirse por su carácter humano, divino o animal. Eso sí, jamás pierde el miedo al abismo tenaz de la muerte que nos espera al otro lado de la esquina.

Julia Gfrörer crea sus cómics como esculpiéndolos dentro del papel virgen. Parece que siempre estuvieron ahí dentro en un compartimento secreto, contándose como se cuenta la historia del mundo, en una órbita de recortes y voces. Dado su orgánico enrejado de trazos y la posición de la figura y los rostros sobre el mismo, parece que Gfrörer cincele con sus propias uñas el saber de ese papel esencial. En sus páginas se marca la evidencia del artificio, el cómo y el por qué de su construcción visual. Su obra final es como un manuscrito medieval recién hallado, trae algo de otro mundo, pero es consciente de que hoy más que nunca se aprecia lo que tiene que decir. En este caso nos sitúa en una pequeña población que se encuentra en plena lucha contra la peste. Agnes, su protagonista, duerme entre los cadáveres que se acumulan en el cauce seco del río. Giles sobrevive también en un pueblo desolado y todo ese sufrimiento le ha hecho perder la fe.

El cómic recupera un tema muy presente en el imaginario de la sociedad contemporánea: el de las epidemias, que en el albor de su historia fueron interpretadas como castigos divinos. Han quedado atrás gracias al avance científico y por eso, la salud de buena parte de la sociedad occidental ya no pende de un hilo. Sin embargo, la protagonista de este cómic resiste la enfermedad, no se contagia y aguanta a pesar de haberlo perdido todo, como si un ente juguetón se divirtiera castigándola con una vida que es su peor opción.

Páginas de la versión en Inglés

Dominados por la idea de un más allá, cuando la muerte está más presente que nunca, a los supervivientes les parece que tan sólo exista un umbral entre ambos mundos. Parece que los fantasmas y los condenados merodeen entre los vivos, en el silencio que domina su cada vez más acusada soledad. Sin embargo, nadie se atreve a quejarse, ni llorar sus desgracias, pues en su interior aún confían en que el ascetismo les llevará al cielo, como se les indicó a los nazareos en el Antiguo Testamento (Números 6:1-8). La negación de una vida de lujo y el control del cuerpo están en la base de la demostración de la fé, pues el fiel demuestra así su confianza en la recompensa final. Finalmente, los avatares les han puesto a prueba y han demostrado quedar devastados en cuerpo y alma. Ahora se preguntan el sentido de la vida y, si la vida reafirma su absurdo, ¿entonces qué sentido tiene?

El afán historicista de Gfrörer la acerca más al cómic europeo que al americano. Desde luego la peste y otras enfermedades infecciosas fueron un problema más europeo que llegó a América por culpa de los primeros exploradores. El ganador del premio Pulitzer Jared Diamond (1997) estima que la población nativa americana descendió en un 95% aproximadamente después de la entrada de los europeos y gran parte de esto fue debido a las epidemias que llevaron consigo. Nacieron para morir (Noble Cook, 1995), tal y como queda representado también en el cómic de Julia Gfrörer. El autor Eduardo Galeano (1992) los llamó “otrocidios”, en lugar del comunmente usado “extermino”, porque se hicieron en nombre de la religión.

“Mañana a estas horas espero estar cantándole las cuarenta a Jesús. Con todo lo que nos ha hecho pasar…”

(Gfrörer, Devastación, p. 19)

Los personajes femeninos de Julia Gfrörer merecen un comentario aparte. En Devastación (2016) las dos hermanas se despiden esperando verse después en alguna parte y la madre acuna a su bebé muerto. En su primer cómic Black is the Color (2013), Eulalia es una sirena que aparece para reconfortar a Warren, el tripulante de un barco cuyo destino está escrito. Parece que la presencia femenina intervenga en el momento crítico, como si se tratara de una nueva entidad mística: algo así como el dios Hermes de la mitología griega, quien, al igual que Caronte, nos lleva de una orilla a otra hacia el Hades para explicarnos que más allá no hay nada, tal y como le responde a Giles en Devastación. Por último, son tan oscuras y temibles como el Can Cerbero y sus tres cabezas, vigilando quién entra y quien sale del Hades (el inframundo). Sin duda son personajes muy interesantes: a medio camino entre el día y la noche, se encuentran siempre en transición, siempre en movimiento, viajando de una impresión a otra en menos de una página. Se rebelan contra la tipología de “anima” de Carl Gustav Jung (1970), pues son carnales, tienen una realidad corpórea manifiesta y no siempre están ahí para reconciliar y unir, también disciernen mejor lo que está pasando, aunque sea para asumir que, pese a todo, el mundo es una catástrofe.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s