Cómic y Novela Gráfica

Por culpa del ‘Carpe Diem’:: “¡Estoy Estupenda!” de Raquel Gu


Portada del cómic

No quiero ponerle nombre al período de la vida adulta, ese impás en el que no eres ni joven ni viejo. Eres un paréntesis en el que se aprueba mirar hacia delante o hacia atrás, designar épocas y colectivos, y decirle a cada uno lo que tiene que hacer para ser “mejor” joven o “mejor” viejo. ¿Somos esos que tienen el poder de mediar entre las dos épocas? No lo sé, ¿pero no sería más fácil recnocer que bastante tenemos con lo nuestro como para ponernos a definir a los demás por su cronología? La autora Raquel Gu en su cómic ¡Estoy Estupenda!: Que ya tenemos una edad y otras tonterías (Navona, 2018) reconoce qué es eso de estar en los 40. Se fija en el presente, en cómo tratar de “enrollarse” con el presente sin las presiones de lo que quedó atrás y lo que está por venir. Lo hace porque no es tan fácil. Como decía, y como reconoce la autora a través de sus personajes, la mayor parte del tiempo no sabemos cómo actuar para remediarlo. ¿Remediar el qué? Pues, aunque con eso me toque romper el tono humorístico, lo que se supone que debemos remediar –sobretodo las mujeres– es el controvertido asunto del envejecimiento “sociogénico”, como lo llama Alex Comfort (1984). Este es “el papel que la sociedad impone a las personas en cuanto éstas alcanzan una determinada edad cronológica” (El País)

En el caso de las mujeres, además se les suma la política sexual: la determinación de género atribuída a través de siglos e incrustrada en el código por el que todos actuamos. La mujer anciana –no digamos ya si pertenece a otras razas o tiene alguna enfermedad senil– tiene que lidiar con latigazos ideológicos que aparentan sostenerse en la ciencia, en la nutrición, en estudios sociológicos y que, como refleja Raquel Gu en el cómic, nos indican que vamos llegando a esa edad cuando…

Página del cómic

El cómic de Raquel Gu, ¡Estoy Estupenda!: Que ya tenemos una edad y otras tonterías (Navona, 2018) emite un grito sordo contra esta presión que ejerce la sociedad a partir de conceptos duros como rocas sobre la mujer madura, su envejecimiento y su insalvable lucha contra el paso del tiempo. Es un alegato contra convertirnos en alguien “invisible” para el resto. La protagonista y sus amigas pasan por todo el espectro de problemáticas: la comunicación, el afianzamiento del paso del tiempo, la soledad, los síntomas de madurez, el cansancio, las redes sociales para los no nativos digitales y todos esos mitos que todas oímos casi a diario.

Raquel Gu nos recomienda no tomárnoslo tan en serio para dejar que sea el propio humor el que proponga las alternativas y señale el error. Como ya habían hecho otras autoras antes, la comedia ha sido un buen medio para abordar el feminsimo desde todos sus ángulos, incluso cuando la mayoría de la población no sabía ni de qué se trataba. La autora reconoce la labor de Nuria Pompeia (1931-2016) al citarla nada más empezar el cómic: “con humor se dicen las cosas de manera más civilizada”. Yo añadiría que el humor también dice las cosas de manera más directa. No se autocensura, ni se andacon argumentos y adornos, sino que se expone tal cual. Por eso me parece propio apuntar qué injusto es que actualmente los cómics de Pompeia se encuentren descatalogados, a pesar de que su obra abrió camino. Tal y como explica el crítico Gerardo Vilches “Pompeia habló de anticonceptivos y aborto cuando ambos eran aún ilegales, apuntaba a las contradicciones de términos como «mujer liberada», e incluso profundizaba (…) en la mentalidad de los españoles de entonces.” (2016)

Los libros descatalogados de Pompeia ejemplifican el injusto envejecimiento de cuyos efectos no tiene solo la culpa el empeoramiento físico, sino el clasismo, el poder y la selección “artificial” que ejercemos como colectivo. La culpa la tiene Horacio con su Carpe Diem. Aunque no lo parezca, esa expresión (“disfruta del presente”) no evitó que miráramos el mañana, sino que hizo que lo miráramos con más recelo. ¿No os habéis preguntado, ¿por qué? ¿por qué tengo que ignorar el mañana?, ¿acaso es que es más feo, está acabado, jubilado, estropeado, no sirve, es inútil, necesita ayuda, no vale? Los significados que le hemos dado a la vejez no son estrictamente médicos, vienen, entre otros, de los medios de comunicación que nos bombardeán a todas horas con lo “bien” que está esa o aquella celebrity a su edad, y que sigue sientiéndose atractiva o sensual, como si fuera contrario a ese proceso irremediable. En el cómic, la protagonista se encuentra atrapada en el cuerpo enroscado de una especie de serpiente Boa,

En nuestra sociedad es habitual sentir cierta presión por ‘luchar’ contra todos esos cambios físicos… – ¿Cómo? ¿Que pasas de los 40… y no te has hecho ningún tratamiento estético? ¡Muy mal! ¿Qué vamos a hacer con esas bolsas que tienes bajo los ojos? ¿Y con esta celulitis que te noto en los muslos al apretar? ¿Y las arrugas? ¿No ves que no puedes ir así por el mundo, desgraciada?

(Raquel Gu, 2018: 34)

Resulta un fenómeno paradójico este de la marginación de la madurez y la ancianidad, sobretodo cuando la ciencia permanece constantemente preocupada con prolongar nuestra esperanza de vida. Aún es más chocante ver cómo ese rechazo malicioso encuentra una oportunidad en el mercado. Se habla del proceso del envejecimiento en términos de crisis, sin embargo hay todo un mercado detrás beneficiándose de ello (farmacéuticas, laboratorios, centros de estética, gimnasios, etc.) “De repente, me entra una especie de obsesión por saber si todo va bien: como si tuviera que pasar la ITV…” El reconocimiento de esa crisis ha dado lugar a una serie de modismos y fórmulas para evitar avergonzarse de haber vivido tantas cosas, de haber tenido hasta el momento la fortuna de contarse entre los vivos: “45 años… son los nuevos 35, ¿sabes?” Y en algunas profesiones el envejecimiento es aún más acelerado. Véase el conjunto de mujeres que forman parte del “star system”. El otro día leía el siguiente titular en una entrevista a la cantante Caroline Polachek: “A las mujeres se les enseña que en la música, una vez tienes 35 años, estás caducada” (The Guardian, Oct 2019) Sin embargo, la compositora, intérprete y productora musical desde hace ya casi veinte años acaba de arrasar el pasado año con su álbum en solitario Pang (Perpetual Novice).

Página del cómic

Sin duda la mayor crisis que se impone a la mujer que supera la juventud es que tiene que decidir entre dos opciones radicalmente opuestas y que se exponen como explico a continuación. La primera opción es emparejarse y, a poder ser, tener una familia (no hablemos del matrimonio porque hoy parece que, al margen de toda ideología, de lo único que depende es de si puedes permitirte un/a wedding planner) Nos previenen: ¡Cuidado! Si decides tener hijos asegúrate de tenerlos pronto, no vayan a confundirte con su abuela cuando sean un poco mayores. De acuerdo con esa lógica, cuando eres infértil “inevitablemente te haces invisible, sino un objeto repugnante que ya no sirve para realizar la función para la cual fue diseñado” (Jeanette King, 2013).

La otra opción es quedarte sola para siempre y entonces no tener descendencia. Es decir, “aniquilar” tu instinto maternal y que nadie se ocupe de ti cuando ya no sirvas para nada. Ahora, ¿qué eligirías? A esto hay que añadirle todos los estereotipos ligados a la mujer soltera y solitaria, “¡Moriré sola, rodeada de gatos! ¡Mierda! ¡Si no tengo gatos!” Claro, nuestra cultura nos explota la cabeza desde niñas con la necesidad de ser mamás y mujeres de alguien sin considerar que hoy somos más exigentes a la hora de decidir con quién queremos pasar la vida, básicamente porque hemos descubierto lo bien que se está sola y que no hace falta de tener alguien a nuestro lado, como nos habían dicho, para auto afirmarnos: “¡PERO SI SOY PERFECTA! ¿Por qué no tengo pareja?”

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