Cómic y Novela Gráfica/Webcómic

Estado de Lectura:: Covid y Cómics (2)


Esto no es la continuación de una serie sobre cómics que nos acercan al virus. Es, más bien, la segunda entrega de una colección de lecturas que me han ayudado a alejarme lo más posible de la pandemia, del discurso unilateral y de la invasión que ha tenido en los medios y en nuestras vidas. La noticia me parecía uno más de sus tentáculos, el aguijón con el que, enfermos o no, el virus lo ha contagiado todo.

El único antídoto: la lectura. Abandonar las preocupaciones –aunque nos las arreglemos para sucumbir al estrés incluso metidos en casa–, dejarnos llevar por la mente de otros personajes y a los espacios que ocupan más allá de los confines del planeta. Incluso ahora, que hasta el espacio aéreo –o precisamente por culpa del aire que respiramos– se vió restringido. Se le puso un cordón policial a todo, pero ¿al aire? ¿se podía poner límites al aire? ¿Habría llegado el virus por el aire sin necesidad de nuestros cuerpos? ¿Cuánto habría tardado? ¿Alguna vez respiramos aire de origen asiático como parece que hacemos con el africano cada vez que viene una ola de calor del continente vecino?

1º El Vuelo Experimental de Pepa Prieto Puy

Este cómic suge de un relato de Manuel Manquiña y es el último trabajo de Pepa Prieto Puy. Ella misma anunció en las redes sociales hace unos días que pronto se publicará en papel, pero entre tanto puede leerse en su cuenta de Tumblr , que es lo más parecido al paraíso si –como yo– se han hipnotizado con el color y escenas de sus diseños. Como siempre, la paleta de color no decepciona, tampoco las figuritas apelotonadas de los espectadores que están a punto de ver la hazaña aérea del piloto de los botines dorados. También podemos volver a emocionarnos con esa técnica que usó en los haikus y que aquí me recuerda a la literatura de George Perec, en cuyas obras la forma parece tomar el control de la acción, deteniendo el tiempo en útiles y objetos cotidianos cargados de simbología. Según los preceptos del autor francés y del grupo literario OuLiPo del que formó parte, la literatura surge de la angustia de que algo vaya a quedar en el olvido, dejando de formar parte esencial de lo que somos. Para él escribir era catalogar el suceso y su homólogo gráfico, el cómic de Prieto Puy, hace lo mismo. El suceso, el qué, parace desplazarse o constituirse por medio de los elementos que lo rodean.

Su autora convierte a los asistentes en los absolutos protagonistas, pues en sus medrosas caritas y en el reflejo de sus ojos, vemos lo que sucede y las claves de lo que quizá trate de decirnos esta breve historia sobre la vanidad humana y la eterna ambición de conquistar el aire, tener el control y convertirnos en el héroe de las historias con las que hemos crecido.

Visto desde el lado del piloto, la vida puede llegar a ser muy aburrida si no le añadimos algo de riesgo, si no nos lanzamos a aquello que desafía la lógica y las probabilidades de éxito. Quizá esta sea la úncia idea romántica que aún pervive intacta, sobretodo en el mundo de la cultura y el arte –a priori lugares que abrazan la idea de la experimentación, pero también donde resulta difícil distinguir entre lo que quiero decir y la manera en que se reciba mi mensaje. Especialmente cuando el arte tiene que consumirse para que la rueda de la producción siga girando.

Pepa Prieto Puy además de historietista es ilustradora para publicaciones como The New Yorker, El País o New York Times. Participó en La Ciudad en Viñetas y sigue con su actividad fanzinera, que no abandona desde sus inicios, al tiempo que colabora con cómics para otras publicaciones.

undefined 2º Tahira de Merv Heers (@nobrainszine)

Entre el 2017 y el 2018 nacía el personaje de Tahira de manos de Merv Heers, perteneciente a la nómina de autores surgidos de Vice Comics! la sección de cómic alternativo de la controvertida revista documental. Al principio ella no era más importante que el resto de habitantes de Onion City Blues, una ciudad ficticia aparentemente moderna en la que, en cambio, un ente extraño con cabeza de smiley ejerce un gobierno totalitarista controlando los movimientos de sus ciudadanos y atacando a la facción rebelde.

Tahira es una joven melancólica que vive con su gatito Peaches. Como tiene tendencia a soñar con los ojos abiertos, le sobran aventuras y lo que más anhela es estar tranquila, sentirse libre en su piso cuidadosamente decorado. No se mete en líos porque le basta con los yokai (monstruos o espectros de origen japonés) que aparecen sin previo aviso en sus periódicos paseos por la ciudad. Esa agorafobia de Tahira me entretiene en este momento histórico, en el que por primera vez algunos pacientes con este y otro tipo de fobias han encontrado asilo y paz dentro de sus hogares. Por supuesto que muchos otros se habrán sentido esclavizados o atemorizados ante la noticia, pero hoy Tahira sería muy feliz repancingada en la cama, recibiendo los obsequisos lamidos de su mascota.

La verdad espera ahí fuera. No podemos remediarlo. El debate más encarnizado que experimentamos en la actualidad, no tiene nada que ver con los millones de quejas, procesos judiciales y polémicas que surgiran en los próximos meses. Todos ponen en tela de juicio no solo la gestión de una crisis, sino el sistema socio económico resquebrajado en el que vivimos. Un sistema de acomodo y complacencia que nos tiene, como a Tahira, engañados en el “cuquismo” del “yo también puedo tener esto y así soy feliz” hasta que nos miramos a nosotros mismos, el tiempo pasa y seguimos proyectando anhelos en el futuro, persiguiendo un sueño prometido. Pero, ¿dónde está ese sueño? Hay que tener cuidado, el totalitarimo viene con rostro sonriente y la búsqueda de la felicidad se puede convertir en un juego peligroso.

Merv Heers es un autor de cómic australiano que reside en Melbourne. Además de participar en Vice, también ha aparecido en la publicación The Lifted Brow. Ganó el Fair Australia Prize en 2016 con esta historieta para Overland y desde entonces se autopublica y trabaja en su primer cómic largo.

undefined 3º Kafka por Robert Crumb & David Zane Mairowitz

En las lecturas de cuarentena no puede falta la literatura del enigmático Franz Kafka, quien sobresale por su tendencia depresiva, su evocaciones suicidas y su vida de escritor por necesidad vital, agarrado a una existencia poco evocadora. Todo esto se refleja en esas narraciones oscuras, sutilmente cómicas, o debería decir irónicas, que tanto le caracterizan. En este volumen (editado por La Cúpula) que repasa la obra y vida del autor judío, Mairowitz y Crumb unen fuerzas en lo que podría calificarse como una obra didáctica, a través de la cual los lectores de Kafka podemos regodearnos con más y más comentarios sobre su obra, y en la que los interesados sin duda resultarán del todo cautivados y resueltos a comenzar cualquiera de los títulos del germano.

En el libro se mencionan episodios importantes de la vida del autor que pasó por un conflicto bélico y por una de las epidemias más destructoras de la historia, la gripe de 1919 –en la que murieron en torno a cincuenta millones de personas. Primero vivió en la Praga Austro Húngara, y con el creciente nacionalismo y posterior victoria, Checa. Resuelto a conducirse en dos idiomas, sin embargo sólo el alemán fue su lengua literaria. Perteneció a una familia judía algo renegada que, entre otros motivos, le hizo víctima de un aislamiento social perpetuo. Por un lado, tenía que residir donde lo hacían todos los de su estirpe: en el guetto judío Josefov, al que se referiría como “mi prisión, mi fortaleza” y por otro, tenía que aislarse para escribir debido al trastorno que suponía intentar crear en la casa familiar. Sus descripciones de la ciudad, del entramado laberíntico de calles, así como muchos de sus relatos sobre el cuerpo enfermo o la decadencia de lo corpóreo, enfatizan esa atmósfera opresiva y calamitosa del mundo moderno. Por otro lado, esa tendencia suya por transcribir pesadillas en las que un poder absolutista es tan difícil de derrocar y tan arbitrario como las leyes de la naturaleza o el rango social ostentado en una época oscura para la libertad del individuo, completan el conjunto de motivos que hace de Kafka un narrador imprescindible no solo en esta, sino en todas las prisiones de nuestra vida.

Qué añadir sobre el acompañamiento de Robert Crumb en las ilustraciones. El americano parece haber conocido a Kafka en persona o saber lo que el autor esperaba de una plausible edición de este tipo. A veces más clásico y otras más “Crumb”, sus diseños dramatizan con la exageración precisa y lo envuelven todo de un profundo misticismo cabalistico.

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